El dirigente sostuvo que el fenómeno no es exclusivo del país y que se observa en distintos mercados del mundo, donde la carne bovina se ha encarecido de forma sostenida, especialmente después de la pandemia.
Fast explicó que el encarecimiento de la carne se debe a una lógica básica del mercado: cuando la demanda supera a la oferta, los precios tienden a subir. “Esto no ocurre solo en Paraguay, sino a nivel global. Tengo contactos en países como Canadá, Alemania o Estados Unidos y todos coinciden en que el precio de la carne está muy alto, sobre todo después de la pandemia”, señaló.
Según el dirigente, el consumo de carne bovina sigue siendo elevado en muchas regiones del mundo, mientras que la producción no crece al mismo ritmo, lo que genera un déficit en varios mercados.
En el caso de Paraguay, agregó que la situación también se ve influida por el crecimiento de las exportaciones de carne, impulsado por el posicionamiento internacional de la proteína animal paraguaya en la última década.
EXPORTACIONES IMPULSAN EL VALOR DEL PRODUCTO
Fast destacó el trabajo realizado por el sector público y privado para abrir mercados internacionales a la carne paraguaya. Ese proceso permitió que el país se acerque al nivel de otros exportadores consolidados del Mercosur, como Uruguay o Argentina.
“Hoy nuestra carne es cada vez más conocida en el mundo. Eso hace que suba la demanda externa y, como Paraguay tiene mercados abiertos, el precio internacional también termina influyendo en el mercado interno”, explicó.
El dirigente recordó que el país opera dentro de un mercado globalizado, por lo que las variaciones de precios internacionales inevitablemente repercuten en el consumo local.
IMPORTACIÓN DE CORTES COMO MECANISMO DE EQUILIBRIO
Ante el impacto que el aumento de precios puede tener en el consumidor, Fast consideró razonable importar determinados cortes de carne desde países vecinos, como ya ocurre en pequeña escala.
De hecho, señaló que en el último año alrededor del 5% de la carne consumida en Paraguay fue importada, principalmente desde Brasil.
Según explicó, cada cultura tiene preferencias específicas de consumo. Mientras en Brasil uno de los cortes más valorados es la picaña, en Paraguay la preferencia tradicional es la costilla para el asado.
“Si en Brasil la costilla es más accesible, podemos importar ese corte. Lo importante es que haya suficiente carne en el plato de nuestra gente”, afirmó.
Fast agregó que otros países exportadores aplican estrategias similares. Por ejemplo, Chile exporta gran parte de su producción y luego importa carne para abastecer su mercado interno, mientras que Uruguay llega a importar cerca del 30% de la carne que consumen sus ciudadanos.
IMPACTO EN PRODUCTORES Y CONSUMIDORES
El presidente de FECOPROD indicó que los precios actuales también están generando ingresos favorables para los productores ganaderos, lo que resulta importante para la sostenibilidad del sector.
Las cooperativas vinculadas a la federación concentran aproximadamente el 32% del hato ganadero nacional, con más de 10.000 productores asociados.
Además, destacó que la ganadería se ha convertido en un respaldo económico para pequeños productores rurales, especialmente en años en que otros cultivos enfrentan dificultades.
Citó como ejemplo el caso del sésamo, cuyo precio cayó significativamente en los últimos años. Mientras hace cuatro años el kilo se pagaba alrededor de 14.000 guaraníes, en la última zafra llegó a cotizar cerca de 4.500 guaraníes.
“En muchos casos el ganado funciona como un seguro para los pequeños productores. Cuando otros rubros no tienen buen precio, la venta de terneros o desmamantes les permite generar ingresos”, explicó.
DIVERSIFICAR EL CONSUMO DE PROTEÍNAS
Fast también señaló que Paraguay sigue siendo uno de los países con mayor consumo de carne vacuna per cápita.
Según estimaciones, cada paraguayo consume entre 30 y 40 kilos de carne bovina al año, además de unos 20 kilos de carne de pollo y alrededor de 12 o 13 kilos de carne de cerdo. El dirigente consideró que una mayor diversificación hacia otras proteínas animales podría contribuir a equilibrar el mercado y ofrecer alternativas más accesibles.
En ese sentido, destacó que el sector cooperativo está invirtiendo en la expansión de la producción de carne porcina y avícola, rubros que podrían crecer significativamente en los próximos años. “En pocos años podríamos duplicar la producción de carne de cerdo, lo que significará más proteína disponible tanto para el mercado interno como para exportación”, afirmó.
INCENTIVOS PARA AUMENTAR LA PRODUCCIÓN
Consultado sobre el potencial de crecimiento del sector ante acuerdos comerciales como el del Mercosur con la Unión Europea, Fast sostuvo que el factor clave para incrementar la producción es mantener condiciones de mercado favorables para el sector productivo.
Según explicó, la experiencia de países que han aplicado controles de precios o restricciones a las exportaciones demuestra que esas medidas terminan afectando la producción.
“Cuando se interviene demasiado en el mercado, como ocurrió en Argentina o Venezuela, se termina perjudicando al productor y al final tampoco hay carne suficiente para el consumidor”, advirtió.
UN SECTOR CLAVE EN LA ECONOMÍA RURAL
Desde FECOPROD recordaron que el gremio agrupa a más de 10.000 productores ganaderos, además de representar a cooperativas que reúnen a unos 200.000 socios y sus familias en todo el país.
Por ello, señaló Fast, el sector sigue de cerca tanto la situación de los productores como las preocupaciones de los consumidores. “Estamos en ambos lados de la cadena: en la producción, pero también representamos a miles de familias que necesitan respuestas cuando suben los precios de los alimentos”, concluyó.














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