Al respecto, el ministro de Industria y Comercio, Javier Giménez, destacó que este pacto no es solo un documento diplomático, sino la llave de acceso a un mercado de 450 millones de consumidores con el mayor poder adquisitivo del planeta.
Giménez subrayó que la reducción progresiva de aranceles será un «oxígeno de competitividad» para sectores estratégicos, especialmente el cárnico, permitiendo a las industrias nacionales ganar escala y fortalecerse en el largo plazo.
DESAFÍOS DETRÁS DE LA OPORTUNIDAD
Pese al entusiasmo, el titular del MIC fue realista, al señalar que las condiciones no cambiarán de un día para otro; sino que es el comienzo de un largo capítulo. Resaltó que el acuerdo implica desafíos estructurales que obligarán a Paraguay a invertir fuertemente en infraestructura y políticas públicas para cumplir con los estándares europeos.
Aunque la rúbrica se concrete en suelo guaraní, el proceso aún aguarda la ratificación de la Eurocámara en las próximas semanas y de los parlamentos nacionales de cada miembro del Mercosur. Sin embargo, el mensaje político es contundente: Paraguay deja de ser un espectador para convertirse en una plataforma productiva de clase mundial, defendiendo su potencial exportador ante las potencias europeas.














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