Consciente de la envergadura del rival europeo, el cuerpo técnico albirrojo planea introducir modificaciones nominales y estratégicas en la formación titular con el claro objetivo de neutralizar los circuitos futbolísticos galos y potenciar las transiciones rápidas. La principal novedad en el campamento paraguayo gira en torno al retorno del mediocampista Diego Gómez, quien se perfila como titular indiscutido tras haber cumplido una fecha de suspensión automática debido a la acumulación de tarjetas amarillas durante la fase de grupos.
El retorno del volante de marca y creación obligará a Alfaro a retocar el dibujo táctico sobre el césped norteamericano. En la portería se mantiene firme el guardameta Orlando Gill, respaldado por una línea defensiva que sale de memoria con Juan Cáceres cubriendo la banda derecha, la zaga central compuesta por el capitán Gustavo Gómez y José Canale, y el experimentado Junior Alonso como marcador de punta por el sector izquierdo. En la zona de gestación, Diego Gómez se posicionará un paso más adelantado para actuar en la función de enlace, mientras que las tareas de contención y equilibrio defensivo recaerán sobre la dupla integrada por Andrés Cubas y Damián Bobadilla. Los carriles laterales continuarán bajo la responsabilidad de Miguel Almirón y Matías Galarza, dejando en el frente de ataque a la joya del equipo, Julio Enciso, como la principal referencia y carta de gol.
Cuentas pendientes ante el gigante del Viejo Continente
El choque de este sábado no representa un partido más en el calendario albirrojo; conlleva una profunda carga emotiva y la oportunidad de saldar viejas deudas históricas que quedaron grabadas en los libros de la competencia ecuménica. Los antecedentes estadísticos en copas del mundo registran dos enfrentamientos previos, ambos con desenlaces favorables para el seleccionado de los Bleus.
El primer cara a cara se remonta a la cita de Suecia 1958, cuando el 8 de junio de aquel año ambas escuadras protagonizaron un festival ofensivo que culminó con una abultada victoria francesa por 7-3 en el marco de la fase de grupos. En aquella jornada, la ofensiva europea se desató con un triplete del histórico Just Fontaine y conquistas complementarias de Roger Piantoni, Maryan Wisniewski, Raymond Kopa y Jean Vincent, mientras que por el lado guaraní decoraron el marcador Florencio Amarilla en dos ocasiones y Jorgelino Romero.
El drama de Lens y la mística de 1998
Sin embargo, el recuerdo más latente y doloroso para la afición paraguaya se grabó a fuego el 28 de junio de 1998, durante los octavos de final del Mundial de Francia. En aquella mítica noche en la ciudad de Lens, la Albirroja comandada por Paulo César Carpegiani y liderada en el campo por figuras de leyenda resistió de manera heroica y con un despliegue defensivo monumental los embates del combinado local, que posteriormente se consagraría campeón del mundo.
Cuando la tanda de penales parecía un destino ineludible y el partido agonizaba en el tiempo suplementario, el defensor galo Laurent Blanc aprovechó una pelota en el área en el minuto 114 —a los 8 minutos del segundo período de la prórroga— para decretar el primer y único Gol de Oro en la historia de los mundiales. Esa anotación rompió el cero de forma fulminante y decretó la eliminación paraguaya. Ahora, exactamente 28 años después de aquel doloroso capítulo, el fútbol le presenta a Paraguay el escenario perfecto para reescribir su propio destino en suelo estadounidense. El vencedor de esta llave de octavos de final avanzará a los cuartos de final, donde esperará por el sobreviviente del cruce entre las selecciones de Canadá y Marruecos.















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