El estratega albinegro no anduvo con rodeos al evaluar el impacto del resultado y fue categórico al sentenciar que en casa no se festejan los empates, asegurando que el vestuario siente que perdiendo dos puntos en lugar de sumar uno. A pesar de haber dominado con solvencia los primeros 30 minutos de juego y generar múltiples situaciones claras de gol, el Repollero pagó un precio carísimo por su fragilidad en la pelota parada, una de las armas más letales del conjunto aborigen.
Errores colectivos bajo la lupa, cambios por molestias físicas y un final caótico
Con tono severo pero manteniendo la unión del grupo, Haedo enfatizó que los descuidos en la marca fueron estudiados previamente, recordando que la mayoría de las conquistas recientes de Guaraní provenían de balones detenidos. No obstante, lejos de señalar culpables individuales, el DT asumió la responsabilidad colectiva por el gol encajado y remarcó que las fallas se asumen en bloque, protegiendo a sus dirigidos del juzgamiento público.
En el complemento, la urgencia por desequilibrar obligó al cuerpo técnico a refrescar la alineación ante las molestias físicas de Robert Rojas y el desgaste de Hugo Fernández. En su afán por quedarse con la victoria, Libertad volcó hasta cuatro hombres de perfil puramente ofensivo, lo que derivó en un trámite desordenado y de ida y vuelta constante. Aunque valoró la entrega del plantel hasta el minuto final, la sensación en filas gumarelas es de pura zozobra al ceder terreno decisivo en la vertiginosa pelea por el título del Torneo Clausura.














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