El antecedente más cercano de un dominio similar data de la temporada 1999, cuando el Decano logró imponerse en cuatro de los cinco clásicos disputados en aquel ciclo. Sin embargo, aquella seguidilla triunfal se dio bajo dos conducciones técnicas diferentes: Miguel Ángel Piazza se anotó los dos festejos en el Torneo Apertura, mientras que el mítico Luis Cubilla tomó las riendas para sellar las otras dos victorias en el Clausura. Esta salvedad estadística deja a Vitamina a las puertas de romper un récord inalcanzable incluso para los nombres más laureados que pasaron por el banquillo de Para Uno.
El fantasma del traspié y la soga al cuello para un banquillo azulgrana que busca revancha
La sola posibilidad de que Vitamina estampe su nombre en los libros de historia encendió la hoguera de la polémica en Barrio Obrero. Mientras la parcialidad olimpista celebra la efectividad implacable de su entrenador como una muestra clara de superioridad táctica sobre el acérrimo rival, en la vereda de Cerro Porteño la marca invicta del argentino es vista como una afrenta que exige una respuesta inmediata en el campo de juego para frenar lo que consideran un récord inflado por la coyuntura.
La presión ambiental promete jugar un rol determinante desde el primer minuto de juego. Para la escuadra azulgrana, una nueva caída ante los ojos de su público no solo significaría entregarle en bandeja la consagración histórica a Sánchez, sino también profundizar las heridas de un vestuario jaqueado por los malos resultados ante el Franjeado. Con la historia en la mano y la efectividad perfecta como carta de presentación, Vitamina se juega el prestigio de una racha legendaria en una cita donde romper la racha o coronar la hazaña marcará a fuego el cierre del año futbolístico.
