Durante generaciones, los Batwa vivieron en entornos selváticos, alejados del mundo moderno, dependiendo de la caza y manteniendo tradiciones muy arraigadas. Todo empezó a cambiar cuando una pareja de misioneros decidió dejar la ciudad y trasladarse hasta la región de Kisoro, con la intención de acercarles un mensaje de fe y esperanza que hasta entonces les era completamente desconocido.
Lo que ocurrió después sorprendió incluso a quienes impulsaron la iniciativa. Varias personas de la comunidad comenzaron a interesarse por lo que escuchaban y, poco a poco, fueron tomando decisiones que transformaron su día a día. Algunos dejaron atrás hábitos como el consumo excesivo de alcohol, el tabaco y ciertas prácticas tradicionales vinculadas a la brujería.
Uno de los primeros en dar ese paso fue Nilkant, quien con el tiempo pasó de ser oyente a convertirse en alguien activo dentro de la propia comunidad, compartiendo su experiencia con otros. Según su testimonio, su vida cambió por completo: dejó atrás conductas que lo afectaban y encontró un nuevo propósito al transmitir su fe.
Con el correr del tiempo, más personas se sumaron a este proceso y decenas de miembros de la comunidad fueron bautizados como señal de su nueva convicción. Lo que comenzó como una visita misionera en una región aislada terminó generando un impacto profundo dentro del grupo.
Hoy, muchos de quienes antes no conocían este mensaje son los mismos que lo comparten con sus vecinos, reflejando cómo una iniciativa pequeña puede crecer y transformar a toda una comunidad.














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