El foro, titulado “Una respuesta bíblica a la crisis de salud mental: el florecimiento humano y un mejor bienestar en la era digital”, abordó con crudeza temas como las tasas récord de suicidio, el impacto psicológico de las redes sociales, el agotamiento pastoral, el trauma no resuelto y la falsa dicotomía entre cuidado espiritual y atención clínica. El consenso fue claro: las iglesias no pueden seguir callando ni ofreciendo respuestas simplistas ante la ansiedad, la depresión y la desesperación que atraviesan a millones de personas.
Durante el encuentro, el Dr. Tim Clinton, presidente de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos, fue categórico: “La iglesia sin los quebrantados es una iglesia quebrantada”. Para Clinton, el estigma histórico dentro de las comunidades de fe ha impedido que muchas personas busquen ayuda, cuando en realidad la consejería debe entenderse como parte del discipulado cristiano y de la misión pastoral.
El panel fue moderado por Billy Hallowell, presentador y productor de CBN News, quien subrayó que los desafíos de salud mental están redefiniendo la vida congregacional en los Estados Unidos y exigen liderazgo, formación y valentía espiritual.
Uno de los datos más alarmantes citados fue que casi 50.000 personas murieron por suicidio en 2024 en EE. UU., la cifra más alta jamás registrada. Carrie Sheffield, fundadora de Healthy Faith, calificó la situación como una emergencia nacional y recordó que múltiples estudios confirman que la participación activa en comunidades religiosas reduce el riesgo de suicidio, el abuso de sustancias y fortalece la resiliencia. Sin embargo, advirtió que muchas iglesias aún carecen de una teología clara y práctica sobre la salud mental.
Desde una perspectiva pastoral y cultural, Reina Olmeda, directora de la Iniciativa de Salud Mental de la Conferencia Nacional de Liderazgo Cristiano Hispano, señaló que la ansiedad y el agotamiento no son nuevos en la historia bíblica, pero sí lo es el contexto actual de saturación informativa, polarización y presión digital. “Las redes sociales hablan cuando la iglesia no lo hace”, advirtió, subrayando el riesgo de que la cultura digital termine moldeando la identidad emocional de los jóvenes ante el silencio eclesial.
La Dra. Pamela Pyle, médica internista, aportó una mirada integradora al señalar que la medicina moderna comienza a reconocer la espiritualidad como un factor clave en la sanación, aunque todavía de manera superficial. Desde su experiencia clínica, afirmó que la verdadera esperanza no proviene de estímulos externos, sino de una fe interior que se expresa en comunidad, cuidado mutuo y sentido trascendente.
El trauma, la vergüenza y el silencio también ocuparon un lugar central en la discusión. Los panelistas coincidieron en que ignorar las heridas emocionales dentro de contextos religiosos puede ser letal. Nombrar el dolor, acompañar con presencia y capacitar a líderes y laicos en salud mental no debilita a la iglesia: la fortalece.
Finalmente, se hizo un llamado directo a cuidar también la salud emocional de los pastores, muchas veces idealizados como figuras infalibles. La falta de espacios seguros para su vulnerabilidad y consejería contribuye al desgaste espiritual y humano del liderazgo cristiano.
El mensaje final fue de esperanza, pero también de responsabilidad. La crisis de salud mental exige iglesias preparadas, teológicamente firmes y profundamente compasivas, capaces de integrar fe, ciencia y acompañamiento humano. Como se afirmó al cierre del panel, “la iglesia no está muerta; Dios sigue en el trono, y todavía hay esperanza”.
El artículo fue publicado originalmente en Christian Daily International, versión en inglés de Diario Cristiano Internacional.














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