Bozzano relató que el proyecto comenzó cuando, junto con sus hijos, decidió dedicar parte de su tiempo a ayudar en una fundación que atendía a personas con diferentes situaciones de vulnerabilidad, entre ellas madres solteras, niños abandonados, víctimas de violencia y personas con problemas de adicción.
Durante aproximadamente cinco años participaron de esa experiencia, hasta que determinadas situaciones internas y el trato que, según relató, recibían algunos paraguayos motivaron su salida de la institución. Una parte importante de las personas que estaban allí decidió acompañarlos.

El comienzo fue completamente familiar y con recursos mínimos. Los propios hijos de Bozzano cedieron sus habitaciones y pertenencias para que las mujeres y los niños pudieran tener un lugar donde dormir.
“Mis hijos tuvieron que dejar su cuarto, su equipo de sonido, su computadora y empezaron a dormir en el suelo para dejarles a las mujeres y a los niños dormir en la cama”, recordó.
La cantidad de personas fue creciendo rápidamente. De una casa preparada para apenas ocho personas llegaron a albergar hasta 120 personas, hasta que posteriormente recibieron la donación de parte de un terreno y una vivienda en J. Augusto Saldívar, donde el proyecto pudo establecerse.
Con el tiempo, la institución llegó a recibir hasta 225 personas y comenzó a trabajar formalmente con el sistema de protección de niños y adolescentes. La obtención de personería jurídica permitió que el hogar pudiera recibir casos derivados por organismos públicos, fiscalías y el Poder Judicial.
DE UN HOGAR DE EMERGENCIA A UNA ESTRUCTURA INTEGRAL
La experiencia también se extendió a Ciudad del Este, donde hace aproximadamente 15 años funciona otro centro orientado principalmente a madres solteras con sus hijos.
En J. Augusto Saldívar, en tanto, el hogar fue concentrando su trabajo en niños, adolescentes y mujeres en situación de vulnerabilidad.
Bozzano explicó que durante un tiempo también recibieron personas con problemas de adicción, pero finalmente decidieron cerrar esa área debido a situaciones que podían poner en riesgo la convivencia y la seguridad de las mujeres y niñas alojadas.

Actualmente, el hogar tiene más de 130 niños y adolescentes, para quienes la institución constituye mucho más que un lugar de alojamiento. “Esta es su casa, esta es su familia”, explicó Bozzano al describir la dimensión de la responsabilidad asumida.
Eso implica cubrir diariamente alimentación, vestimenta, calzado, educación, higiene, atención y todos los gastos propios de una familia numerosa.
UN COLEGIO DENTRO DEL PROPIO HOGAR
Uno de los proyectos que más creció con los años fue el área educativa.
Lo que inicialmente era una pequeña escuela terminó convirtiéndose en un colegio, con directoras, docentes y entrenadores deportivos. La institución educativa no solamente recibe a los niños que viven en el hogar, sino también a más de 250 alumnos de la comunidad.
La decisión de contar con el colegio dentro del predio respondió, entre otros motivos, a la necesidad de evitar que los niños residentes tuvieran que desplazarse varias cuadras hasta una escuela pública.
Además de la formación académica, la institución mantiene un marcado enfoque cristiano.
Bozzano explicó que la formación en valores constituye uno de los pilares del proyecto y que la enseñanza busca transmitir principios cristianos frente a lo que considera una pérdida de valores que afecta especialmente a niños y jóvenes.
De esta manera, el colegio terminó convirtiéndose también en un servicio educativo para las familias de la zona.
PANADERÍA Y HUERTA PARA SOSTENER EL PROYECTO
El hogar también desarrolla actividades productivas con el objetivo de generar recursos y avanzar hacia una mayor autosustentabilidad.
Entre ellas se encuentra una panadería, que especialmente durante las fiestas de fin de año produce pan dulce en cantidad.
A esto se suma una importante huerta, donde se cultivan y comercializan productos como lechuga, rúcula, cebollita y otros vegetales.
Estos emprendimientos ayudan a sostener parte de los gastos, aunque Bozzano reconoce que resultan insuficientes para cubrir todas las necesidades de una institución que actualmente alberga a más de 130 niños y adolescentes.
UN PRESUPUESTO DE G. 145 MILLONES AL MES
El tamaño de la estructura también se refleja en los costos.
Según explicó Bozzano, el hogar necesita aproximadamente G. 145 millones mensuales para funcionar. El monto incluye alimentación, artículos de higiene, vestimenta y otros gastos cotidianos, además de salarios de docentes y personal que trabaja en áreas como cocina, cuidado y mantenimiento.
La responsable de la institución señaló que sostener ese presupuesto representa uno de los principales desafíos de la obra y que las donaciones y aportes de colaboradores resultan fundamentales.
El hogar cuenta con mecanismos para recibir aportes, incluyendo un sistema de débito automático para quienes desean realizar una contribución periódica.
También recibe voluntarios y grupos de personas que desean conocer la institución y compartir actividades con los niños.
UNA OBRA ABIERTA A LA COMUNIDAD
El Hogar Unidos por Cristo está ubicado en el límite entre J. Augusto Saldívar y Capiatá, aproximadamente en la zona del kilómetro 23 de la Ruta PY01.
Bozzano explicó que las visitas deben coordinarse previamente y que periódicamente reciben grupos de colegios y familias que llegan para compartir con los niños y realizar actividades.
Para contactar con la institución se puede utilizar el número 0983 100 197 y buscar sus canales oficiales en redes sociales como Fundación Unido por Cristo.
La posibilidad de recibir visitas y voluntarios constituye, según la responsable, otra manera de acercar a la sociedad a la realidad de los niños que viven allí.
EL DESAFÍO DE QUE LOS NIÑOS ENCUENTREN UNA FAMILIA
Uno de los aspectos que actualmente adquiere especial importancia para la institución es el acogimiento familiar.
Nuestra entrevistada explicó que este mecanismo permite que niños que se encuentran bajo protección puedan integrarse temporalmente a una familia, especialmente en aquellos casos en que no existe una persona cercana que los visite o acompañe.
El objetivo es que los niños puedan crecer dentro de un entorno familiar y que, si posteriormente se determina que corresponde una integración permanente, pueda avanzar el proceso establecido por las autoridades competentes. “Nosotros no desesperamos porque tuvimos esa rotación de tantos chicos porque está el sistema de acogimiento familiar”, explicó Bozzano.
La idea, según planteó, es que el paso de un niño por el hogar pueda ser una etapa hacia una vida estable y, cuando las circunstancias lo permitan, hacia una familia definitiva.
En sus 25 años, el Hogar Unidos por Cristo ha atendido a cientos de niños, adolescentes y mujeres, combinando asistencia, educación, formación en valores y acompañamiento.
Para Bozzano, el proyecto se sostiene fundamentalmente mediante el trabajo de un equipo y la colaboración de la comunidad, mientras que su convicción personal es que la obra nació y continúa gracias a la fe.














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