En Nigeria, la Semana Santa se convirtió en una pesadilla. Ataques coordinados por grupos armados islamistas dejaron más de 60 cristianos asesinados en aldeas, iglesias y comercios. En lugares como Jos, hombres armados irrumpieron en barrios mayoritariamente cristianos, disparando indiscriminadamente contra la población civil.
Según Todd Nettleton, los atacantes actuaron con motivación religiosa explícita, gritando consignas islamistas mientras ejecutaban los ataques, lo que refuerza la percepción de que los cristianos son objetivos directos. La situación se agrava con la denuncia de expertos como Judd Saul, quien sostiene que grupos como los pastores fulani no solo protagonizan ataques, sino que buscan imponer un califato islámico, ante la inacción de las autoridades.
Aunque acciones internacionales, como los ataques ordenados por Donald Trump contra campamentos del ISIS, generaron alivio temporal, la violencia resurgió con fuerza, evidenciando la fragilidad de la seguridad en la región.
SIRIA: UNA COMUNIDAD AL BORDE DE DESAPARECER
El panorama en Siria es igualmente crítico. En ciudades como Suqaylabiyah, turbas violentas han atacado comunidades cristianas, destruyendo propiedades, iglesias y símbolos religiosos, mientras las fuerzas de seguridad son acusadas de no proteger a las víctimas.
Para Matthew Aboukhater, la falta de garantías ha provocado un éxodo masivo. En apenas una década, la población cristiana en Siria cayó de 2,5 millones a unos 300.000, reduciéndose a una mínima fracción de la población total.
El temor no es exagerado: analistas advierten que, de continuar esta tendencia, una de las comunidades más antiguas del cristianismo podría desaparecer completamente de su lugar de origen.
ENTRE LA VIOLENCIA Y EL ABANDONO
Los informes coinciden en un punto: la persecución no solo se intensifica, sino que ocurre con escasa respuesta estatal efectiva. Masacres, ataques a iglesias y desplazamientos forzados forman parte de un patrón que se repite, mientras miles de familias buscan huir hacia Occidente en busca de seguridad.
En este escenario, organizaciones internacionales llaman a visibilizar la crisis y a ejercer presión para proteger a las minorías religiosas, advirtiendo que el silencio podría acelerar un desenlace irreversible.














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