Desde el pitazo inicial, el libreto del encuentro estuvo claro: un Brasil volcado al ataque buscando imponer sus condiciones y una Noruega agazapada, confiando ciegamente en su orden táctico y en el peso de sus individualidades en las áreas. Fue precisamente en las áreas donde se terminó de escribir el destino de ambos seleccionados.
La gran figura de la noche fue el guardameta Ørjan Nyland. El portero noruego se convirtió en una muralla infranqueable para los delanteros brasileños. Su momento cumbre llegó al detener un penal crucial que pudo haber cambiado el rumbo del partido, además de protagonizar al menos tres intervenciones mano a mano que ahogaron el grito de gol de la fanaticada sudamericana.
En el otro extremo de la cancha, la eficacia tuvo nombre y apellido: Erling Haaland. El «Androide» no perdonó. Con un doblete formidable, el delantero del Manchester City capitalizó las pocas, pero claras opciones que generó su equipo, desnudando las falencias defensivas del conjunto de Carlo Ancelotti y demostrando por qué es el delantero más letal del planeta.
EL LABERINTO DE ANCELOTTI Y LA FALTA DE GOL
Por su parte, los dirigidos por Carlo Ancelotti mostraron ráfagas de ese fútbol vistoso y de alta circulación que se esperaba de ellos. Sin embargo, el «Jogo Bonito» careció por completo de pegada. Brasil dominó la posesión y generó volumen de juego, pero la alarmante falta de eficacia en el último toque volvió a pasarle factura en el escenario más exigente del año.
Los errores en la zaga central y la desconexión en los momentos clave del segundo tiempo terminaron por sepultar las aspiraciones de la ‘Canarinha’. Con el pitazo final, la imagen del desconsuelo brasileño contrastó radicalmente con la euforia de una Noruega que avanza con paso firme, dejando claro que en este Mundial ya no existen los rivales pequeños.
