El periodista Crescencio Fernández reportó desde la zona que este fenómeno meteorológico no es un hecho aislado, sino una característica cíclica que se recrudece entre julio y agosto.
Explicó que se trata de una masa de aire cálido proveniente del norte del continente —específicamente del Pantanal brasileño y el este de Bolivia— que utiliza al Chaco como su ruta principal de desplazamiento sobre el territorio nacional. A diferencia de otros vientos, este no refresca; por el contrario, eleva el termómetro a marcas que rozan los 40°C en pleno invierno.
Ante este escenario, los cuerpos de bomberos voluntarios emitieron alertas urgentes para apelar a la conciencia ciudadana. Las autoridades instan a evitar de forma absoluta la quema de basuras o pastizales. Con ráfagas tan intensas y la presencia de abundante material seco en los campos debido a la temporada invernal, cualquier chispa mínima puede desatar un incendio forestal incontrolable en cuestión de minutos.
IMPACTO EN LA PRODUCCIÓN Y LA INFRAESTRUCTURA
Los efectos de este fenómeno climático se extienden con fuerza hacia el motor económico chaqueño. Los entendidos del sector agropecuario advierten que el ambiente genera un fuerte estrés térmico en el ganado, lo que reduce drásticamente el bienestar animal y desploma los niveles de productividad. Asimismo, la escasez de agua se agudiza debido a la rápida pérdida de humedad que sufren el suelo y los cultivos.
Por otra parte, la infraestructura vial también sufre las consecuencias de la erosión. Las fuertes ráfagas limpian y barren la capa superficial de polvo de los caminos de tierra, desgastando la superficie y acelerando la formación de baches que rápidamente se transforman en profundos pozones, dificultando el tránsito en toda la región central del Chaco.















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