Tras un sobrevuelo de reconocimiento y una inspección técnica junto al Dr. Darío Medina, titular de la Comisión Nacional del Río Pilcomayo, el Gobernador descartó que el desborde fuera producto de obstrucciones artificiales o falta de mantenimiento en la limpieza. La explicación radica en la propia morfología del terreno: con el transcurso de los años, el cauce se ha vuelto considerablemente más angosto.
«Ya verificamos con un vuelo bajo y no hay taponamientos. El problema es que el cauce está muy angosto por el paso del tiempo; el agua no puede correr con la rapidez necesaria y eso eleva el nivel de forma súbita», explicó Bergen. A esto se sumó un factor hidráulico coyuntural: una mayor proporción del caudal ingresó hacia el lado paraguayo, aliviando la presión sobre el territorio argentino, pero saturando las defensas locales.
RESPUESTA INMEDIATA Y FAMILIAS AFECTADAS
La emergencia ya ha impactado en al menos cinco viviendas que sufrieron el ingreso de agua. Ante este escenario, la reacción institucional fue inmediata. Desde el sábado, tractores con trailers y retroexcavadoras de la Comisión Pilcomayo trabajan ininterrumpidamente en el refuerzo de los muros de contención en los puntos más vulnerables de Margariño.
Por su parte, la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) ha desplegado equipos operativos en la zona para realizar un relevamiento de daños y necesidades, coordinando con los líderes comunitarios para garantizar el suministro de insumos básicos y asistencia logística a los damnificados.
ALIVIO EN POZO HONDO
Una nota positiva dentro de la contingencia se registra en la localidad de Pozo Hondo. A diferencia de años anteriores donde esta zona era el epicentro de las preocupaciones, hoy el panorama es de tranquilidad. Los trabajos previos de mantenimiento han dado frutos: el muro de defensa se encuentra recuperado y reforzado en su totalidad.
Además, Bergen informó que en dicho sector el río registró un descenso de más de un metro el pasado sábado. Se espera que este «valle» o bajada del caudal se desplace corriente abajo y llegue a la zona de Margariño en las próximas 24 a 48 horas, lo que permitiría que las aguas estancadas comiencen a retroceder y se alivie la presión sobre la maquinaria que trabaja en el sitio.
La Gobernación de Boquerón y la Comisión Nacional permanecen en estado de alerta permanente, monitoreando el comportamiento del río en toda la cuenca para anticipar nuevos pulsos de crecida que pudieran bajar desde Bolivia.
