Durante una charla en el programa “Salvando Vidas” de RCCTV, Vidal desglosó la hoja de ruta de una institución que se define a sí misma como «presupuestariamente humilde, pero de gran corazón». Para el directivo, el éxito no se mide únicamente en trofeos, sino en el rastro que el club deja en la vida de sus integrantes.
Vidal es categórico al separar el éxito deportivo del propósito institucional. «Nuestro propósito no es ganar plata en el fútbol, no es ganar gloria o ser campeones de América solo por nuestra propia vanagloria», explicó. La visión de Recoleta apunta a un legado a largo plazo: que el jugador, al finalizar su etapa en el club, pueda reconocerse como una persona diferente y mejorada.
Esta formación integral se apoya en un departamento de psicología robusto y, fundamentalmente, en un área de formación espiritual cristiana. Aunque Vidal reconoce que mezclar la fe con el deporte o la política suele ser cuestionado, en Recoleta es una política institucional clara. Los jugadores cuentan con coaches espirituales, capellanía y estudios de la palabra de Dios. Incluso, el presidente reveló un acto simbólico de profunda fe: han «sembrado la palabra» en los cimientos de su estadio y en aquellos donde les toca competir, convencidos de que su ascenso y permanencia son fruto de una guía divina.
LA GESTIÓN ANTE LA TIRANÍA DE LA BILLETERA
A pesar de su enfoque espiritual, el club no descuida la realidad financiera. Vidal detalló que el presupuesto anual ronda los USD 2.800.000, una cifra que palidece frente a los gigantes del torneo. El grueso de estos ingresos proviene de los derechos televisivos gestionados por la APF (USD 1.600.000), mientras que el resto se cubre con una administración eficiente de sus recursos: alquiler de canas, polideportivos y cantinas que funcionan «de lunes a lunes».
«Si el fútbol fuera solo plata, Cerro Porteño o Libertad ya habrían sido campeones de América», reflexionó Vidal, citando el ejemplo de Nacional para demostrar que la gestión y la mística pueden superar a la billetera. Actualmente, el club invierte mensualmente entre USD 65.000 y USD 85.000 en su plantel principal, además de destinar unos USD 200.000 anuales a las divisiones inferiores, entendiendo que el semillero es la base del futuro.
EL LEGADO DE LOS PASTORES ABREU
La identidad de Vidal como dirigente está profundamente marcada por su historia personal con el fallecido Pastor Emilio Abreu y su esposa, la Pastora Bethany. Vidal recordó cómo Abreu fue su entrenador de natación tras llegar de Estados Unidos, formándolo en las piletas del Club Internacional antes de convertirse en su guía espiritual.
«Él nos pastoreó en muchísimas batallas familiares», confesó Vidal, quien hoy, con tres hijos y tres nietos, intenta replicar esas enseñanzas en el club. Este vínculo espiritual no se limitó a la prédica, sino a la acción social, incluyendo proyectos en centros penitenciarios para llevar donaciones y la palabra de Cristo.
UN CLUB QUE RESPETA Y POTENCIA
A pesar del fuerte componente cristiano, el presidente de Recoleta enfatizó que el club es un espacio de respeto absoluto: «Respetamos al que cree y al que no cree, pero tenemos el propósito de formar espiritualmente». La meta es lograr un «mismo sentir» en el equipo, trabajando el corazón por encima de todas las cosas.
Para Luis Vidal, Recoleta es, ante todo, un club que lidera a través del bienestar de su gente. En un mundo de intereses cruzados, el «Funebrero» apuesta por una receta poco común en el deporte profesional: gestión empresarial transparente, formación humana y una fe inquebrantable en un Dios Todopoderoso.














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