Estrés: cómo reconocerlo y qué hacer para evitar que se vuelva un problema de salud

En un contexto donde las exigencias diarias parecen no dar tregua, el estrés se ha convertido en una constante para muchas personas. Sin embargo, no todo estrés es negativo. Así lo explicó al programa “Línea Directa”, emitido por RCC Radio, el pastor y sicólogo René Pereira, quien brindó claves prácticas para identificarlo y, sobre todo, gestionarlo de manera saludable.

Estrés: cómo reconocerlo y qué hacer para evitar que se vuelva un problema de salud

“El estrés es la respuesta natural del cuerpo ante las demandas y desafíos de la vida”, señaló. Esta reacción, explicó, puede ser positiva cuando impulsa la concentración, la motivación y el rendimiento. Pero se vuelve perjudicial —lo que se conoce como “distrés”— cuando supera la capacidad de la persona para afrontarlo.

CUANDO EL ESTRÉS DEJA DE SER ÚTIL

El problema aparece cuando esa tensión se mantiene en el tiempo. El distrés puede manifestarse con síntomas físicos como dolores musculares, insomnio o fatiga, así como con ansiedad, bloqueos mentales y sensación de agobio.

A nivel biológico, este proceso está vinculado a la liberación de cortisol, una hormona que prepara al cuerpo para reaccionar ante situaciones exigentes. No obstante, cuando se mantiene elevado por mucho tiempo, termina afectando la salud. “El estrés no es el enemigo. El problema es quedarse en ese estado de tensión de forma permanente”, advirtió.

SOLUCIONES PRÁCTICAS PARA MANEJAR EL ESTRÉS NEGATIVO

Uno de los principales aportes de Pereira fue destacar que el estrés negativo puede gestionarse con acciones concretas y hábitos diarios:

Identificar la causa: El primer paso es reconocer qué está generando el estrés. “Muchas personas ni siquiera saben qué les pasa”, señaló. Detectar el origen permite actuar de forma más efectiva.

Controlar los pensamientos: Gran parte del estrés proviene de ideas negativas o imaginarias. La llamada “rumiación mental” —dar vueltas a preocupaciones que muchas veces no ocurren— alimenta la ansiedad. “Hay personas que sufren por cosas que nunca pasan.”, explicó.

En este punto, el pastor y sicólogo aconseja recurrir a la Palabra de Dios (la Biblia), y citó Filipenses 4:8, que dice: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Enfocarse en el presente: Aplicar técnicas como el mindfulness o atención plena ayuda a evitar la sobrecarga mental. Se trata de concentrarse en el día a día, sin anticipar problemas futuros.

Al respecto, destacó las palabras de Jesús, quien en Mateo 6:34 señala: “Así que, no se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”. También citó a Isaías 26:3, que dice: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”.

Priorizar tareas y organizar el tiempo: Intentar hacer todo a la vez aumenta la presión. Ordenar actividades y avanzar paso a paso reduce la sensación de desborde.

Mejorar el diálogo interno: El modo en que una persona se habla a sí misma influye directamente en su estado emocional. Reemplazar pensamientos negativos por afirmaciones positivas ayuda a bajar la tensión.

Evitar la autoexigencia extrema: Exigirse demasiado genera frustración y desgaste. Aprender a poner límites es clave para mantener el equilibrio.

Cuidar lo que se escucha: La música también impacta en las emociones. Ritmos intensos pueden ser útiles en ciertos contextos, pero no para momentos de relajación. Además, los mensajes negativos (los versos de las canciones) refuerzan estados de ánimo desfavorables.

Buscar ayuda profesional si es necesario: Cuando el estrés afecta la vida diaria o la persona deja de funcionar con normalidad, para el pastor es fundamental acudir a un especialista.

NO NORMALIZAR EL ESTRÉS PERMANENTE

Pereira insistió en un punto clave: no se debe naturalizar vivir en tensión constante. “Hay personas que dicen ‘yo soy así’, pero eso no es sano. En algún momento el cuerpo pasa factura”, advirtió.

Para ilustrarlo, utilizó una comparación simple: el cerebro funciona como una almohada. Puede adaptarse a la presión momentánea, pero luego debe volver a su estado normal. Si esa presión nunca desaparece, el daño se acumula.

UN LLAMADO A RECUPERAR EL EQUILIBRIO

En definitiva, el estrés forma parte de la vida, pero no debe convertirse en un estado permanente. La clave está en aprender a gestionarlo, reconocer sus señales y aplicar herramientas que permitan recuperar la calma. “No es normal vivir tensionado todo el tiempo”, concluyó el pastor y especialista, dejando un mensaje claro: cuidar la salud mental es tan importante como atender la física.

 

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