El Camino acompaña la recuperación de personas con distintas formas de adicción

La comunidad terapéutica “El Camino”, un ministerio de la iglesia Raíces de los Hermanos Menonitas, lleva nueve años acompañando a personas mayores de 18 años en procesos de rehabilitación de distintas formas de adicción. Su director, el pastor Henrique Rogalsky, explicó que el tratamiento combina asistencia profesional, acompañamiento familiar y una dimensión espiritual.

Rogalsky señaló que las adicciones no se limitan al consumo de alcohol y drogas. También existen otras conductas que pueden generar dependencia, como la pornografía y la ludopatía, problemáticas que igualmente han sido abordadas en la comunidad terapéutica.

El Camino está afiliado a Cruz Azul Internacional, institución con una larga trayectoria en el tratamiento de las adicciones. Su programa contempla una internación de entre seis y nueve meses, dependiendo de la situación particular de cada residente, y está organizado en cuatro fases que permiten evaluar progresivamente los avances.

El director destacó que el tratamiento debe ser integral e involucrar aspectos psiquiátricos, psicológicos, emocionales y cognitivo-conductuales, además de la dimensión espiritual.

“Nosotros no trabajamos con la religiosidad, pero sí con la espiritualidad”, explicó Rogalsky, quien señaló que buscan que cada persona pueda establecer una relación personal con Dios a través de Jesucristo.

En sus nueve años de funcionamiento, alrededor de 180 personas han pasado por la comunidad terapéutica, en procesos que requieren tiempo y un compromiso sostenido para lograr cambios duraderos.

EL CEREBRO DEBE REAPRENDER

Rogalsky explicó que muchas personas llegan al consumo como respuesta a frustraciones, tristezas o dificultades que no saben cómo afrontar. Desde la perspectiva de la neurociencia, señaló que el cerebro puede acostumbrarse a obtener rápidamente sensaciones de placer mediante determinadas sustancias o conductas.

Por ello, la recuperación no consiste simplemente en abandonar una sustancia o conducta, sino también en reaprender a enfrentar las frustraciones y encontrar satisfacción en las actividades cotidianas. “Es un proceso lento, no es nada rápido”, remarcó, al destacar que la recuperación requiere paciencia y acompañamiento.

LA FAMILIA TAMBIÉN DEBE APRENDER

Otro aspecto fundamental del tratamiento es el trabajo con el entorno familiar. Padres, madres, hermanos y cónyuges también reciben orientación para comprender el fenómeno de la adicción y evitar conductas de codependencia.

Rogalsky explicó que, con frecuencia, los familiares intentan solucionar los problemas generados por la persona afectada para evitarle consecuencias. Sin embargo, sostuvo que es necesario aprender a establecer límites saludables y permitir que quien atraviesa la adicción asuma responsabilidad por sus propias decisiones.

“No existe una receta fácil”, señaló. Cada caso y cada familia deben ser evaluados de manera particular para reconstruir relaciones saludables.

En ese sentido, hizo una precisión importante para los familiares: no deben cargar con la culpa por las decisiones de la persona afectada. Su responsabilidad, indicó, es orientar y acompañar, pero no asumir las consecuencias de decisiones que no tomaron.

BUSCAR AYUDA PROFESIONAL ES EL PRIMER PASO

Ante la sospecha de que un familiar atraviesa una adicción, Rogalsky recomendó no enfrentar la situación en soledad ni recurrir únicamente a consejos de personas que no conocen el problema.

Su principal recomendación es buscar ayuda profesional y grupos de apoyo, incluso cuando la persona afectada todavía no esté dispuesta a recibir tratamiento.

Explicó que estos espacios permiten a los familiares conocer experiencias de otras personas que atravesaron situaciones similares y recibir orientación de quienes conocen la problemática.

El Camino también orienta a las familias que necesitan información sobre rehabilitación. Para consultas pueden comunicarse al 0986 228 555.

La oficina administrativa se encuentra en Asunción, mientras que la comunidad terapéutica funciona sobre la Ruta 2, a la altura del kilómetro 81, en la zona de Itacurubí de la Cordillera.

El mensaje de la institución apunta a que la adicción puede ser enfrentada con acompañamiento adecuado, pero requiere un proceso serio, sostenido e integral en el que no solo participa quien busca recuperarse, sino también su entorno familiar.

 

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