El Dr. Núñez aclaró que la bacteria que produce la toxina botulínica “siempre estuvo presente”, pero que su reaparición se debe a fallas en los protocolos de procesamiento y a la falta de controles en los lugares de venta, sumado al auge de aderezos y alimentos producidos de forma casera (como el chimichurri o conservas) que carecen de las medidas de conservación adecuadas.
El especialista señaló tres elementos críticos a evaluar en todo producto envasado: La higiene del envase utilizado. El líquido de cobertura, el cual debe ser apto para mantener la asepsia. El estado del propio alimento, que puede portar el elemento tóxico. Asimismo, instó a los comercios a retirar de las góndolas los productos con fechas de vencimiento caducadas, ya que representan un grave riesgo para la salud.
MITOS DE COCCIÓN, EL RIESGO EN BEBÉS Y CÓMO IDENTIFICAR LOS SÍNTOMAS
Al ser consultado sobre si hervir los alimentos destruye la toxina, el doctor confirmó que una cocción correcta —alcanzando temperaturas de entre 70 y 100 grados Celsius— desactiva bacterias y virus, pero recalcó que es fundamental mantener la cadena de frío posterior para evitar procesos de descomposición.
Por otra parte, ratificó la prohibición estricta de dar miel de abeja a bebés menores de un año: “La miel tiene de por sí unas esporas que contienen el Clostridium. El sistema de defensa de un lactante no está maduro y puede desarrollar la enfermedad de forma potencial”.
Respecto a los síntomas, explicó que, a diferencia de una gastroenteritis o intoxicación viral común (que presenta dolor abdominal, vómitos y diarrea sin mayor gravedad), el botulismo afecta directamente a nivel neuromuscular. Los signos de alerta incluyen: Visión borrosa. Sequedad de boca. Dificultad para gesticular. Debilidad muscular intensa, que suele iniciarse en los miembros inferiores.
Ante cualquier cuadro de gastroenteritis asociado a estos síntomas, el médico recomendó consultar de urgencia de manera inmediata.
El pediatra también abordó el aumento de casos del virus “mano, pie, boca” en entornos escolares. Definió el cuadro como altamente contagioso y pidió a los padres no minimizar ninguna lesión cutánea o febril. Para frenar la propagación masiva en escuelas y guarderías, recomendó el lavado frecuente de manos, la desinfección de superficies y el aislamiento del niño afectado en su hogar hasta su total recuperación.
El Dr. Núñez fue categórico al rechazar el uso de la medicina natural en niños para combatir la fiebre u otras dolencias, ejemplificando con casos de convulsiones graves causadas por el té de anís estrellado. «Estoy totalmente en contra y prohíbo el consumo de remedios yuyos en los niños. El organismo de un niño pequeño no metaboliza los tóxicos y una dosis mal calculada actúa como veneno. Incluso habría que castigar a los padres que lo hacen, porque puede ser potencialmente mortal», fustigó.
El médico concluyó que el cuerpo humano recién alcanza la madurez necesaria para procesar estos componentes a partir de la adolescencia, por lo que instó a los padres a limitarse al uso de medios físicos (baños de agua templada) y antipiréticos bajo estricta receta pediátrica.
