En entrevista con RCC Radio este jueves, la investigadora Dra. Griselda Meza, del Centro Multidisciplinario de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad Nacional de Asunción (CEMIT-UNA), analizó la problemática del caracol gigante africano (Achatina fulica) en el país, tras reportes recientes emitidos desde el Centro de Salud de San Pedro y localidades como Capiibary, donde se detectaron apariciones masivas en zonas urbanas.
La especialista recordó que esta especie invasora ingresó a Sudamérica y el Caribe principalmente a través del tráfico marítimo comercial, habiéndose registrado los primeros avistamientos reportados en Paraguay en el año 2012.
Aunque en sus inicios se trataba de un problema delimitado a las zonas fronterizas (como Presidente Franco y Alto Paraná), en la actualidad la distribución del molusco es generalizada a nivel nacional en la Región Oriental.
La dispersión del caracol se ve favorecida por la combinación de altas temperaturas, humedad y el desborde de cauces hídricos en épocas de reproducción (como el mes de septiembre), así como por la movilización de insumos de construcción (arena) y abonos de jardinería que contienen sus huevos.
RIESGOS PARA LA SALUD PÚBLICA Y EL ECOSISTEMA
La Dra. Meza aclaró que el caracol africano no es venenoso ni tóxico al simple contacto directo. Sin embargo, al carecer de depredadores naturales en el ecosistema local y poseer hábitos de alimentación omnívoros (que incluyen vegetales, cultivos e incluso carroña), actúa como un vector biológico de alto riesgo:
Bacterias y parásitos: Pueden albergar bacterias patógenas como Salmonella y Escherichia coli, provocando cuadros graves de gastroenteritis en personas (especialmente niños y adultos mayores) y mascotas. Asimismo, son vectores de parásitos capaces de transmitir afecciones severas como la meningitis eosinofílica.
Carga bacteriana en la baba: Cada ejemplar adulto —que puede llegar a pesar hasta dos kilos— es capaz de segregar casi tres litros de secreción mucosa rica en microorganismos.
PROTOCOLO CORRECTO PARA SU ELIMINACIÓN («HUMANITARIA» Y SEGURA)
Frente al hallazgo de estos moluscos, la investigadora remarcó la importancia de no arrojar sal de forma directa sobre el cuerpo del animal, ya que no produce una muerte inmediata, provoca sufrimiento prolongado y estimula la secreción masiva de baba contaminante.
El protocolo oficial de eliminación sugerido por el CEMIT consta de los siguientes pasos:
Uso de protección: Manipular los ejemplares utilizando siempre guantes de protección.
Preparación de salmuera concentrada: Mezclar sal de mesa en agua hasta alcanzar el punto de saturación (aproximadamente 200 gramos de sal por cada litro de agua, hasta que no se disuelva más).
Inmersión: Sumergir los caracoles en la salmuera; la alta concentración salina produce la muerte instantánea del animal por shock osmótico.
Disposición final: Introducir los ejemplares muertos en doble bolsa de plástico, cavar un pozo en la tierra y enterrarlos. No deben arrojarse a la basura común, ya que la descomposición y los fluidos atraen vectores secundarios como moscas y roedores, generando un foco de contaminación ambiental.
IDENTIFICACIÓN Y CANAL DE REPORTE
Para diferenciarlo de las especies nativas (como el caracol blanco común), el caracol africano se distingue por su gran tamaño, su caparazón de tonalidades marrones con franjas o líneas longitudinales de tonos rojizos o rosados, y su comportamiento gregario o proliferación en grupo.
La ciudadanía puede enviar fotografías con la ubicación de avistamientos para colaborar con el mapa de riesgo nacional ingresando a las páginas oficiales del CEMIT o comunicándose con el grupo de investigación, a través del portal de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).
