Aunque el origen del fenómeno se sitúa en el Océano Pacífico, sus efectos de teleconexión atmosférica ya golpean a la región. Se prevé que el cierre del mes mantenga máximas por encima de los 30 °C a 32 °C, con breves treguas de lluvias aisladas que solo aportarán mayor humedad al ambiente.
Mingo enfatizó que no se debe esperar una fecha en el calendario para confirmar la presencia de El Niño, pues el calentamiento del aire ya es un hecho. Sin embargo, para el patrón de precipitaciones intensas se aguarda el hito de la tormenta de Santa Rosa (a finales de agosto) como el detonante del periodo de mayores lluvias, severos ventarrones y descargas eléctricas, extendiéndose durante la primavera y el verano.
«El fenómeno ya está funcionando y su impacto en Paraguay llegó con el calor. En cuanto a las lluvias, esperamos la tormenta de Santa Rosa como ese parámetro de cambio hacia precipitaciones más frecuentes e intensas», explicó el profesional.
CADA EVENTO TIENE SU PROPIO «ADN»
Ante la preocupación de pobladores de zonas ribereñas y bañados sobre posibles inundaciones catastróficas comparables a las de décadas pasadas (como en 1982-1983 o 1997-1998), el titular de Meteorología llamó a la cautela, pero sin bajar la guardia.
Explicó que, si bien las proyecciones globales señalan a este El Niño como uno de los más intensos en el calentamiento de las aguas del Pacífico, el comportamiento de la atmósfera varía. Un ejemplo reciente fue el periodo 2023-2024, donde el mayor impacto hídrico se concentró sobre la cuenca del río Paraná y los departamentos del sur, sumado a fenómenos de inundaciones repentinas en zonas urbanas por severos raudales.
Finalmente, la Dirección de Meteorología exhortó a la ciudadanía y a los organismos de socorro a prepararse de manera integral en todo el país, ya que los impactos pueden manifestarse tanto en crecidas de cauces como en severos temporales que afecten servicios e infraestructuras básicas. Asimismo, instaron a informarse únicamente a través de los canales oficiales.
