La forma en que dos reclusos de alta peligrosidad abandonaron el recinto —prácticamente por la puerta principal del penal— levantó inmediatas sospechas entre las autoridades. “Tenemos imágenes y son realmente llamativas; por eso se presumiría como una liberación de presos. Fue demasiado fácil”, afirmó el jefe penitenciario en entrevista con RCC Radio.
Ante la gravedad de los indicios, el Ministerio de Justicia dispuso la intervención de la penitenciaría por 30 días, medida que quedó a cargo de un funcionario con 15 años de trayectoria dentro del sistema.
En paralelo, la Fiscalía de Misiones y la Dirección de Asuntos Internos abrieron una investigación exhaustiva. Como primeras diligencias, se incautaron teléfonos celulares de la celda que ocupaban los fugados y se centró la indagatoria en los agentes penitenciarios que cubrían la guardia en el pabellón afectado durante esa noche. De confirmarse la complicidad o negligencia, los involucrados enfrentarán procesos penales e investigaciones administrativas.
La sombra del descontrol y la urgente brecha tecnológica
El caso vuelve a poner bajo el reflector la vulnerabilidad del sistema penitenciario y la connivencia interna, un problema estructural que Peña atribuyó a «décadas de abandono» y a la presión que ejercen los grupos criminales sobre los guardias.
A pesar de los avances tras operativos de gran envergadura como Veneratio en Tacumbú y las recientes incautaciones masivas —como la requisa de más de 500 celulares en Coronel Oviedo—, las autoridades reconocen que la batalla es desigual sin herramientas tecnológicas.
Desde la Dirección de Establecimientos Penitenciarios remarcaron que hace dos años vienen solicitando la instalación de inhibidores de señal de celular y escáneres de alta precisión, además de proyectar la creación de un Grupo Especial de Operaciones Penitenciarias (GEOP) e implementar controles de acceso tercerizados para evitar el sabotaje de los equipos por parte del propio personal.
Mientras la Policía Nacional encabeza la búsqueda de los prófugos, el hecho deja al descubierto que la reforma del sistema penitenciario requiere, con urgencia, cortar de raíz los lazos de complicidad interna que abren las puertas de las cárceles desde adentro.
