Red Búho cumple un año como gran alivio nocturno, mientras el transporte diurno sigue en crisis

El sistema de transporte público nocturno Red Búho se consolidó en su primer año como una herramienta clave para trabajadores y estudiantes del área metropolitana, ofreciendo previsibilidad, seguridad y un importante alivio económico. Sin embargo, para las organizaciones de pasajeros, este avance contrasta con el deterioro sostenido del servicio diurno, que atraviesa una de sus peores etapas en décadas.

Red Búho cumple un año como gran alivio nocturno, mientras el transporte diurno sigue en crisis

Así lo afirmó a RCC Radio Griselda Yudice, vocera de la organización social Opama, en entrevista con RCC Radio, al evaluar el primer aniversario del servicio nocturno que ya transportó a cerca de 34.000 pasajeros.

Yudice valoró la implementación de los cuatro itinerarios actuales y recordó que el servicio fue resultado de años de reclamos ciudadanos. “Durante muchísimo tiempo no hubo transporte nocturno y eso perjudicaba especialmente a quienes trabajan o estudian de noche. Hoy, el Búho viene a cubrir una necesidad histórica”, sostuvo.

La vocera destacó que, pese a problemas persistentes con las aplicaciones de monitoreo —que aún no permiten conocer con precisión la ubicación de los buses en tiempo real—, el servicio cumple con lo esencial: los colectivos circulan y los pasajeros tienen la certeza de que podrán regresar a sus hogares durante la madrugada. “Eso ya marca una diferencia enorme con lo que ocurre a partir de las ocho o nueve de la noche con el sistema regular, cuando la gente no sabe si va a pasar el último colectivo”, señaló.

Otro aspecto valorado es el componente de seguridad. Los buses nocturnos cuentan con acompañamiento policial en el punto de partida y durante los recorridos iniciales, además de permitir el ascenso y descenso de pasajeros fuera de las paradas formales. “El concepto es totalmente distinto al del día y está pensado para proteger a la gente en horarios y zonas donde la espera puede ser riesgosa”, explicó Yudice.

Desde el punto de vista económico, el impacto también es significativo. El costo del pasaje nocturno representa un ahorro considerable frente a los servicios de plataformas privadas, cuyos precios pueden multiplicar por diez el valor del transporte público. “No te lleva hasta la puerta de tu casa, pero es un avance enorme para la economía de la familia trabajadora”, afirmó.

No obstante, la dirigente advirtió que el servicio aún es insuficiente y que existen zonas sin cobertura, especialmente áreas universitarias como el campus de San Lorenzo. En ese sentido, planteó la necesidad de habilitar buses alimentadores que conecten facultades y barrios con los corredores principales de la Red Búho.

La evaluación del transporte público en general fue mucho más crítica. Yudice alertó que el sistema diurno “es cada vez peor” debido a la falta de renovación de la flota, la reducción sostenida del número de buses en circulación y la ausencia de un plan integral de mejora. “Antes de la pandemia circulaban unos 2.000 colectivos; hoy apenas rondan los 1.400. Así es imposible que el servicio no se resienta”, advirtió.

Según la vocera de Opama, la crisis se profundiza por itinerarios obsoletos, diseñados hace décadas, que no responden a la dinámica actual de la movilidad urbana. “Se necesita una reingeniería total, con un sistema tronco-alimentador que permita transbordos sin pagar un segundo pasaje. Lo que tenemos hoy obliga a la gente a esperar un solo colectivo que recorra todo el trayecto, lo que es ineficiente y desgastante”, explicó.

Finalmente, Yudice alertó sobre las consecuencias sociales del colapso del transporte público: más endeudamiento familiar para comprar motos o autos, mayor congestión vial y viajes cada vez más largos. “El transporte nocturno demuestra que, cuando hay decisión y planificación, se puede mejorar. El problema es que durante el día el sistema sigue sin rumbo”, concluyó.

 

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