Según el informe oficial, la pobreza monetaria en el país se ubica actualmente en el 16%, lo que representa alrededor de 985.000 personas. En comparación con el año anterior, unas 213.000 personas salieron de esta condición. En tanto, la pobreza extrema alcanza el 2,4%, equivalente a 147.000 personas, con una disminución interanual de 81.000 personas.
Ojeda subrayó que estos resultados se obtienen a partir de la Encuesta Permanente de Hogares y bajo estándares internacionales. Explicó que una persona es considerada pobre si no alcanza un ingreso per cápita mensual de Gs. 933.000, mientras que en pobreza extrema se ubican quienes no superan los Gs. 411.000 mensuales.
PROGRAMAS SOCIALES CONTIENEN LA POBREZA
Uno de los puntos centrales de la explicación fue el impacto de las políticas públicas. El titular del INE afirmó que, sin programas como Tekoporã, Hambre Cero y la pensión para adultos mayores, la pobreza no sería del 16%, sino que superaría el 20%.
En el caso de la pobreza extrema, sin estas ayudas, el nivel escalaría a cerca del 5%, lo que implicaría que unas 150.000 personas adicionales caerían en esa situación. En total, estos programas evitan que unas 239.000 personas ingresen a la pobreza.
CÓMO SE MIDE LA POBREZA Y EL VALOR DEL ALMUERZO ESCOLAR
Ojeda también respondió a cuestionamientos sobre la inclusión del almuerzo escolar dentro del cálculo de ingresos. Aclaró que se trata de una práctica recomendada por organismos internacionales, siempre que el beneficio sea medible y estandarizado.
En ese sentido, el INE analizó los menús del programa Hambre Cero, calculando el valor de cada plato según su contenido calórico. Así, se determinó que un almuerzo escolar tiene un valor promedio de Gs. 8.000 por día, lo que se incorpora como ingreso en especie para los hogares beneficiarios.
EL EMPLEO, PRINCIPAL MOTOR DE SALIDA DE LA POBREZA
El director del INE destacó que el factor más determinante en la reducción de la pobreza fue el aumento de los ingresos laborales. De las 213.000 personas que dejaron de ser pobres: 139.000 lo hicieron gracias a mejoras en sus ingresos laborales. 47.000 por transferencias públicas. 11.000 por transferencias privadas (remesas o ayudas familiares). 14.000 por otros ingresos. “El empleo es fundamental. El 65% de los ingresos proviene del trabajo”, enfatizó.
Incluso en los hogares más pobres, el 76% de los ingresos proviene de actividades laborales, lo que refleja la importancia del dinamismo económico. En ese contexto, Ojeda mencionó que Paraguay registró un crecimiento cercano al 6% del PIB, lo que favorece este proceso.
PERSISTEN BRECHAS ENTRE ZONAS Y REGIONES
Pese a la mejora general, las desigualdades territoriales siguen marcadas. En áreas urbanas, la pobreza es del 13,6%, mientras que en zonas rurales asciende al 22%. En pobreza extrema, la diferencia es aún más pronunciada: 1,2% en zonas urbanas; 5,5% en zonas rurales. A nivel departamental, regiones como Concepción y San Pedro presentan los mayores niveles de pobreza, mientras que Asunción (6%) y Central (alrededor de 10%) registran los menores índices.
PERSPECTIVAS Y DESAFÍOS
Ojeda consideró que las perspectivas económicas son positivas, lo que podría sostener la reducción de la pobreza. No obstante, advirtió sobre riesgos externos como conflictos internacionales o fenómenos climáticos. Finalmente, remarcó que la pobreza extrema requiere políticas públicas focalizadas, ya que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente para reducirla.














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