En este escenario, según un pronunciamiento de la ANDE, Paraguay no solo participa como observador, sino que se posiciona como un referente global indiscutible: es uno de los pocos países del mundo cuya generación eléctrica es 100% limpia y renovable.
Señala que este hito es el resultado de una “visión estratégica” basada en el aprovechamiento responsable de la riqueza hídrica del país. La columna vertebral de esta soberanía energética la conforman las centrales hidroeléctricas binacionales, Itaipú y Yacyretá, pilares de la integración regional, junto con la central hidroeléctrica de Acaray, patrimonio 100% del Estado Paraguayo y “símbolo de la ingeniería nacional”.
Destaca que contar con una matriz eléctrica libre de emisiones no es solo un motivo de orgullo ambiental, sino una ventaja competitiva clave para el desarrollo económico. Esta energía garantiza un suministro seguro y sostenible que permite atraer inversiones, impulsar la industria local y, sobre todo, mejorar la calidad de vida de cada ciudadano.
Asimismo, resalta que, en un contexto de crisis climática global, el “modelo paraguayo” demuestra que es posible armonizar el crecimiento nacional con la protección del entorno. El compromiso del ente estatal se reafirma en este día: “continuar innovando” en la gestión de estos recursos para asegurar que la energía siga siendo el motor que impulse un futuro más verde y próspero para todos los paraguayos.
TRANSFORMAR SU EXCEDENTE HIDROELÉCTRICO EN MOTOR INDUSTRIAL
En el marco del debate sobre el futuro energético nacional, surge una hoja de ruta clara: dejar de ser un país que cede su energía para convertirse en una potencia industrial. Al respecto, el ministro de Industria y Comercio, Javier Giménez, afirmó días pasados que actualmente Paraguay cede cerca del 50% de su energía limpia a países vecinos, principalmente al Brasil; una realidad que el Gobierno y los sectores productivos deben transformar a corto plazo.
Señaló que la estrategia consiste en volcar esa abundancia energética al consumo interno mediante la atracción de inversiones de alto valor, como los Data Centers, la producción de hidrógeno verde, la industria del ferrosilicio y la manufactura pesada son los objetivos clave para convertir el excedente eléctrico en una ventaja competitiva que genere empleo y riqueza dentro del territorio nacional.
DIVERSIFICACIÓN Y LARGO PLAZO
Sin embargo, el liderazgo actual basado en las grandes hidroeléctricas no es eterno. «No podemos dormirnos en los laureles de lo que se construyó hace 50 años con Itaipú», advirtió. Por ello, -agregó- ya se proyecta la creación de nuevas fuentes de generación que aseguren el suministro a largo plazo.
El ministro señaló que entre las opciones destacan la energía solar y eólica, aprovechando el potencial climático del país; pequeñas centrales hidroeléctricas (PCH), identificando más de 22 cuencas hídricas aptas para microgeneración.
Asimismo, habló del potencial de los “minerales críticos”, a donde Paraguay pone la mira (insumos esenciales para la tecnología global y la transición energética). Dijo que, a través del Ministerio de Industria y Comercio y la Cancillería, se prevén estudios exhaustivos para determinar el potencial del subsuelo paraguayo; identificar estos recursos podría abrir una nueva e importante industria rentable, posicionando al país en la cadena de suministro de la tecnología mundial.
