Más que comercio, una apuesta a la industrialización: El eje central de esta iniciativa no es únicamente el intercambio de bienes, sino el posicionamiento de Paraguay como un destino prioritario para inversiones europeas de alto valor agregado.
El Gobierno busca que el país deje de ser percibido exclusivamente como un proveedor de materias primas para consolidarse como un «hub» industrial y tecnológico. La meta es atraer capitales que instalen complejos de manufactura avanzada, centros de innovación y procesos de transformación que incorporen tecnología de punta en suelo paraguayo.
Esta visión estratégica apunta a que el Paraguay aproveche sus ventajas competitivas —como la energía limpia, la estabilidad macroeconómica y su ubicación geográfica— para seducir a las industrias europeas que buscan diversificar sus cadenas de suministro. Con la ratificación del acuerdo, estas empresas encontrarán un marco legal robusto para producir en Paraguay y exportar con beneficios arancelarios tanto a la región como al continente europeo.
Liderazgo y fin del proteccionismo mental: Durante el encuentro con los principales gremios de la producción y la industria, el presidente Santiago Peña enfatizó que este paso requiere un cambio de mentalidad. «Tenemos que animarnos a soñar en grande. Los miedos que teníamos en el pasado tenemos que dejarlos atrás», sostuvo el mandatario.
Peña instó a los empresarios a ver este acuerdo como la plataforma definitiva para que el país lidere el crecimiento regional, dejando de lado los temores a la competencia externa para enfocarse en la capacidad de Paraguay de ser fuerte y ágil en el mercado global.
EL ROL DEL SECTOR PRIVADO COMO MOTOR
Por su parte, el ministro de Industria y Comercio, Javier Giménez, subrayó que el Estado paraguayo está cumpliendo su rol de facilitador al brindar previsibilidad y fortalecer la infraestructura. Sin embargo, remarcó que será el sector privado el verdadero protagonista de este acuerdo. La implementación del tratado exige que los empresarios nacionales busquen alianzas estratégicas para absorber conocimiento tecnológico y escalar en la cadena de valor, traduciendo la apertura comercial en un aumento real de la capacidad productiva del país.
Con la entrada del acuerdo al Poder Legislativo, Paraguay reafirma su vocación de apertura global, enviando un mensaje contundente al mundo: el país no solo quiere comerciar con Europa, sino que está listo para albergar a sus industrias más sofisticadas y sostenibles.














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