Tras analizar las imágenes que se viralizaron, Montiel destacó a RCC Radio un factor determinante: la falta total de autocontrol y dominio propio. Según el especialista, la violencia es simplemente la expresión externa de una situación interna no resuelta.
«Estamos ante un fatalismo peligroso. En Paraguay, mucha gente cree que el carácter es genético, que uno nace así y muere así, sin espacio para el cambio. Sin embargo, el carácter se desarrolla y se educa en casa», explicó Montiel. Para el experto, el dominio propio es el «módulo dos» de la inteligencia emocional; sin él, el ser humano queda fuera de control, encaminándose hacia su propia autodestrucción.
LA TRAMPA DE LOS SÍNTOMAS VS. LAS CAUSAS
Montiel advierte que, como sociedad, nos hemos vuelto «sintomáticos». Nos enfocamos en las consecuencias legales o el escándalo del momento, pero no atacamos la raíz. «Es como el bolsón del paraguayo, lleno de analgésicos y sedantes para el dolor, pero nadie busca la causa de la enfermedad», comparó.
El especialista señala que el ataque a los niños y adolescentes es multiforme: desde la violencia física extrema hasta el maltrato verbal y emocional en el hogar y en las escuelas. Palabras como «inútil» o «inadecuado», proferidas por padres o docentes bajo estrés, generan un trauma que repercute directamente en la conducta futura del joven.
EL ROL DE LA FE Y EL AMOR PROPIO
Desde una cosmovisión cristiana, el consejero resalta que el ingrediente final del carácter es la templanza. Pero para llegar a ella, es fundamental el amor altruista. «La persona que no se ama y no se valora, no puede amar ni valorar al prójimo. Esa es una triste realidad en nuestro país: la falta de amor propio deriva en violencia hacia los demás», puntualizó.
Como dato alarmante, instó a la ciudadanía a observar las estadísticas del Sistema 9-11 sobre violencia familiar, cuyas cifras diarias reflejan una pérdida crítica de las habilidades básicas de convivencia.
EMPODERAR A LOS PADRES: LA ÚNICA SALIDA
Ante la precocidad de las relaciones adolescentes y los «caprichos hormonales», Montiel hace un llamado urgente a empoderar a los padres. «Hoy se usa la palabra empoderamiento solo con fines políticos o para ONGs, pero necesitamos recursos para empoderar a los padres de familia», afirmó.
Según su análisis, mientras que los docentes hoy tienen las «manos atadas» y carecen de autoridad, los padres siguen siendo los únicos responsables morales y constitucionales de la salud integral de sus hijos hasta los 18 años. «Somos nosotros quienes debemos velar por su salud mental y emocional antes de que la realidad nos sobrepase», concluyó.













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