El Ing. Sosa destacó que la nueva ley, que sustituirá a la normativa 6977, está diseñada para incentivar inversiones en fuentes solar, eólica y biomasa, y establecerá criterios de planificación y licitación. De hecho, se anunció que, tras la promulgación, se licitarán los primeros 140 MW en el Chaco paraguayo, generada a energía solar, marcando el inicio de esta nueva ruta.
Si bien la diversificación es un paso necesario para el desarrollo sostenible, el calendario y la magnitud de estos proyectos parecen insuficientes frente a la pérdida progresiva de la energía garantizada de Itaipú y Yacyretá. Los 140 MW iniciales son apenas una fracción de lo que el país necesitará en la próxima década, cuando el pico de demanda comience a superar la oferta soberana.
La gran pregunta que el sector debe abordar es: ¿Es viable que proyectos intermitentes como la solar y la eólica, incluso con las mejores leyes de incentivo, maduren lo suficientemente rápido y a la escala necesaria para sostener una demanda nacional creciente a partir de 2030? El desarrollo de parques solares y eólicos, si bien podría ser valioso, es una solución extremadamente dependiente de factores geográficos y climáticos.
LA OPCIÓN INELUDIBLE: ¿ES HORA DE PENSAR EN EL GASODUCTO?
Frente a este panorama, donde el tiempo corre y las proyecciones de escasez son firmes, la Ley de Renovables parece ser una visión parcial del “nuevo mapa energético” que se discutió en el foro. Mientras se alienta la diversificación eléctrica interna, el debate sobre soluciones de base más robustas y rápidas, como la construcción de un gasoducto para la generación termoeléctrica, sigue siendo marginado.
El gas natural, con el que -según estudios- Paraguay podría contar en abundancia, sobre todo en el Chaco, ofrece una fuente de generación firme y de despacho garantizado, que podría actuar como un puente de seguridad fundamental o como el complemento firme (la carga base) que la hidroelectricidad y las futuras renovables intermitentes necesitarán.
La falta de una discusión contundente sobre la infraestructura de gas natural como pilar estratégico de soberanía y seguridad energética sugiere que el Paraguay podría estar apostando todo a una diversificación eléctrica de lento desarrollo, arriesgándose a no estar preparado cuando la crisis del 2030 toque a la puerta.
El país necesita una estrategia de choque que complemente las loables iniciativas de largo plazo, y el gasoducto se posiciona como una opción viable que no puede ser ignorada.
