Para Ocampos, el exabrupto del mandatario brasileño pone al descubierto una postura arraigada en el pensamiento político de la región que trasciende ideologías de izquierda o derecha: el nacionalismo de sesgo hegemonista.
«Uno rasca a un líder brasileño, sea de derecha o de izquierda, y le sale lo ‘bandeirante’ (Exploradores que ayudaron a ampliar los dominios de Brasil más allá del Tratado de Tordesillas), lo que nos demuestra esto es que la Guerra de la Triple Alianza no es un concepto histórico antiguo y perimido, sino un contexto más vivo que nunca», aseveró.
LOS HECHOS QUE CONTRADICEN EL RELATO
Durante la conversación, el profesional repasó los elementos documentales e históricos que desmienten la simplificación del conflicto expresada por el mandatario vecino:
El Tratado Secreto: Firmado un año antes del estallido formal del conflicto, donde los aliados ya preveían la repartición territorial y la imposición de deudas a la República del Paraguay.
Los crímenes de guerra e indemnizaciones: La ocupación aliada de ocho años, los episodios trágicos como la batalla de Acosta Ñu o el incendio del hospital de Piribebuy, y una deuda de guerra impuesta que el país continuó pagando hasta bien entrado el siglo XX.
CRÍTICA AL SILENCIO DIPLOMÁTICO Y EL RECLAMO DE LOS TROFEOS
Ocampos lamentó la falta de una postura firme por parte de la Cancillería Nacional frente a expresiones que afectan la dignidad histórica del país, señalando que cualquier otra nación habría emitido un pronunciamiento de protesta de manera inmediata.
Asimismo, reflotó la histórica reivindicación sobre la devolución del Cañón Cristiano, el emblemático trofeo de guerra que se conserva en Brasil. José Ocampos recordó que Paraguay también alberga piezas de valor histórico, como un cañón con el escudo de la Casa de Braganza capturado en Humaitá, sugiriendo que un intercambio o gesto de devolución de trofeos por parte de Brasil sería la única vía adecuada para sanar las asperezas generadas por el exabrupto presidencial.
