De acuerdo con el informe, en 2025 Paraguay tenía 1.525.855 jóvenes de 15 a 29 años, equivalentes al 24,7% de la población total, estimada en 6.168.287 habitantes. Es decir, aproximadamente uno de cada cuatro paraguayos era joven.
Sin embargo, esta población no constituye un grupo homogéneo. El 66,6% tenía entre 15 y 24 años, una etapa en la que todavía existe una fuerte vinculación con la educación y en la que muchos enfrentan sus primeras experiencias de búsqueda e inserción laboral.

EL DESEMPLEO GOLPEA CON MAYOR FUERZA A LOS JÓVENES
Los indicadores laborales muestran una diferencia importante respecto al conjunto de la población en edad de trabajar.
Entre los jóvenes de 15 a 29 años, la participación laboral fue del 65,8%, frente al 72,2% registrado para el total de la población en edad de trabajar. La proporción de jóvenes ocupados llegó al 60,1%, mientras que para el conjunto de la población alcanzó el 68,8%.
Pero uno de los datos más preocupantes aparece en el desempleo: la desocupación juvenil llegó al 8,6%, casi cuatro puntos porcentuales por encima del 4,7% registrado para el total de la población en edad de trabajar.
Además, el 34,2% de los jóvenes estaba fuera de la fuerza de trabajo, frente al 27,8% del promedio general.
El propio informe advierte que parte de esta menor participación responde a la permanencia de muchos jóvenes dentro del sistema educativo. Sin embargo, las cifras también reflejan las dificultades que enfrenta este sector para conseguir su primera oportunidad laboral.
EL PROBLEMA SE CONCENTRA ENTRE LOS 15 Y 24 AÑOS
La situación se vuelve todavía más evidente cuando se separan los grupos de edad. Entre los jóvenes de 15 a 24 años, la participación laboral fue de apenas 56,9%, mientras que la proporción ocupada llegó al 50,6%.
En este grupo, la tasa de desocupación alcanzó el 11%, la más elevada entre los jóvenes. Al mismo tiempo, el 43,1% permanecía fuera de la fuerza de trabajo.
La realidad cambia considerablemente entre los jóvenes de 25 a 29 años. En este segmento, la participación laboral sube al 83,6% y la proporción ocupada alcanza el 79,1%, incluso por encima de los valores registrados para el conjunto de la población en edad de trabajar.
La desocupación, en tanto, baja al 5,3%, mientras que solo el 16,4% se encuentra fuera de la fuerza laboral.
La diferencia entre ambos grupos muestra que el principal momento de vulnerabilidad se concentra en la transición entre la educación y el primer empleo. Entre los 15 y 24 años coinciden la continuidad de los estudios, la búsqueda de una primera ocupación y las dificultades para adquirir experiencia laboral.
ESTUDIAR Y TRABAJAR AL MISMO TIEMPO
Otro aspecto destacado por el MTESS es la combinación entre estudio y trabajo. El 25,8% de los jóvenes ocupados de 15 a 29 años estudia y trabaja simultáneamente, prácticamente el doble de la proporción registrada entre el total de ocupados del país, que llega al 13,1%.
La situación es todavía más marcada entre los jóvenes de 15 a 24 años: el 35,5% combina estudio y trabajo.
En cambio, entre quienes tienen 25 a 29 años, apenas el 13,4% mantiene ambas actividades y el 86,6% se dedica exclusivamente a trabajar, en línea con una etapa en la que una mayor proporción ya culminó su formación.
Esta realidad plantea otro desafío: para muchos jóvenes, incorporarse tempranamente al mercado laboral significa intentar sostener simultáneamente sus estudios y sus responsabilidades económicas.
LAS MUJERES SIGUEN TENIENDO MENOR PRESENCIA LABORAL
El informe también evidencia una brecha entre hombres y mujeres. Del total de jóvenes ocupados, 58,8% son hombres y 41,2% mujeres. La diferencia es todavía mayor entre los jóvenes de 15 a 24 años: los hombres representan el 60% de los ocupados, frente al 40% de mujeres.
Entre los jóvenes de 25 a 29 años, la brecha se reduce, aunque continúa presente: 57,2% de los ocupados son hombres y 42,8% mujeres. El informe observa que la participación laboral femenina tiende a fortalecerse con el avance de la edad, pero los datos muestran que las mujeres jóvenes tienen una menor presencia entre quienes logran incorporarse a una ocupación.
JUVENTUD CON MAYOR FORMACIÓN, PERO CON DIFICULTADES DE INSERCIÓN
Los jóvenes ocupados presentan, además, un nivel educativo superior al promedio del conjunto de trabajadores. El 59% de los jóvenes ocupados tiene entre 7 y 12 años de instrucción, mientras que otro 33,9% cuenta con entre 13 y 18 años.
La diferencia según la edad también resulta significativa. Entre los jóvenes de 15 a 24 años, el 67,6% se concentra en el tramo de 7 a 12 años de instrucción. En cambio, entre los de 25 a 29 años, el 43,6% alcanza entre 13 y 18 años de instrucción, reflejando una mayor presencia de estudios superiores.
Esto muestra que la educación constituye un componente central de la transición hacia el empleo, pero también plantea la necesidad de que la formación esté acompañada de mecanismos que faciliten el acceso al primer trabajo.
EL DESAFÍO: QUE LA PRIMERA OPORTUNIDAD NO LLEGUE DEMASIADO TARDE
Los datos del MTESS muestran que la juventud paraguaya tiene un peso demográfico enorme, pero también que los primeros años de ingreso al mercado laboral son los más complejos.
El 11% de desocupación entre los jóvenes de 15 a 24 años, la menor participación laboral, la brecha entre hombres y mujeres y la necesidad de combinar estudio y trabajo configuran una etapa especialmente sensible.
A partir de estos indicadores, las políticas públicas dirigidas a la juventud requieren distinguir entre quienes todavía necesitan permanecer en el sistema educativo y quienes ya buscan incorporarse plenamente al mercado laboral.
El desafío no consiste solamente en que los jóvenes consigan un empleo. También implica facilitar una transición ordenada desde la educación hacia el trabajo, ampliar las oportunidades para el primer empleo y mejorar las condiciones de quienes ya forman parte de la fuerza laboral.
Con 1,5 millones de jóvenes, lo que ocurra con esta generación tendrá un peso decisivo en el futuro económico y social del Paraguay.