Gustav Sawatzky: El cooperativismo es la fuerza que puede transformar el campo paraguayo

El cooperativismo de producción se convirtió en uno de los motores silenciosos del desarrollo rural paraguayo durante las últimas décadas y tiene condiciones para desempeñar un papel todavía mayor en la construcción de una economía sostenible. Así lo sostuvo Gustav Sawatzky, expresidente de la Federación de Cooperativas de Producción (FECOPROD) y de Bancop, durante el Congreso “Una Patria Nueva”, organizado por Prodinamis.

Gustav Sawatzky: El cooperativismo es la fuerza que puede transformar el campo paraguayo

En su exposición, Sawatzky repasó el aporte del movimiento cooperativo durante el periodo 2000-2025 y destacó que su principal contribución no se limita a la generación de riqueza, sino a la transformación de productores y familias rurales en protagonistas de su propio desarrollo.

Sawatzky recordó los orígenes del cooperativismo rural en Friedrich Wilhelm Raiffeisen, quien en la Alemania del siglo XIX buscó respuestas a la pobreza y a la dependencia que sufrían los productores después de las malas cosechas.

De aquella experiencia surgió una filosofía basada en la autoayuda, la autoadministración y la autorresponsabilidad, principios que, según Sawatzky, siguen siendo plenamente vigentes para enfrentar los desafíos del Paraguay actual.

“El cooperativismo se vive, se practica; si no, es una mera teoría inaplicable”, afirmó, al reivindicar los principios de adhesión voluntaria, control democrático, participación económica, autonomía, educación, cooperación entre cooperativas e interés por la comunidad.

A su criterio, esta filosofía permite atacar una de las principales amenazas para cualquier sociedad: la pobreza y la dependencia. “Con estómagos vacíos no se puede construir una paz social verdadera y sostenible”, sostuvo, al señalar que la independencia económica también es fundamental para el ejercicio de una ciudadanía libre.

COOPERATIVAS COMO INSTRUMENTO DE DESARROLLO RURAL

Uno de los principales puntos de su exposición fue el impacto de las cooperativas de producción y multiactivas en las comunidades rurales. Sawatzky destacó que estas organizaciones trabajan para mejorar las condiciones socioeconómicas de sus asociados, pero también generan efectos positivos sobre todo su entorno.

En ese sentido, resaltó los proyectos de desarrollo rural impulsados durante años en diferentes departamentos del país, con miles de productores y familias beneficiadas.

Según los datos presentados, los programas de cooperación articulados por FECOPROD, CONCOPAR y las cooperativas socias alcanzaron a más de 360 organizaciones de productores y a más de 18.865 productores en aproximadamente dos décadas.

El trabajo también incluyó a comunidades indígenas: 17 en el norte del país y 15 en el Chaco. Las iniciativas abarcaron cadenas de valor como la leche, producción porcina, miel, frutas y hortalizas, yerba mate, hierbas medicinales, granos y feriantes. Los beneficiarios generaron ventas acumuladas estimadas en USD 30 millones entre 2010 y 2025.

Sawatzky remarcó que el objetivo no fue implantar modelos asistencialistas, sino transmitir una metodología basada en la cooperación, la ayuda mutua, la capacitación y la generación de capacidades.

TECNOLOGÍA PARA TRANSFORMAR EL CAMPO

Otro de los grandes aportes señalados fue la incorporación de tecnología al sector agropecuario.

El expresidente de FECOPROD destacó el avance de herramientas como estaciones climáticas, digitalización de maquinaria, agricultura de precisión y nuevas experiencias de investigación y producción, que permiten llevar tecnología a pequeños, medianos y grandes productores.

También resaltó la importancia de la biotecnología y del mejoramiento genético para desarrollar cultivos más resistentes a plagas, enfermedades y fenómenos climáticos, reduciendo los riesgos de pérdidas.

Para Sawatzky, la investigación constituye una inversión estratégica: más conocimiento e innovación se traducen en mayor productividad y crecimiento. En ese proceso, mencionó los centros de investigación y generación de conocimiento vinculados al movimiento cooperativo en Yguazú, San Pedro, Guairá y el Chaco central.

BANCOP Y EL ACCESO AL FINANCIAMIENTO

Sawatzky también puso en valor el papel de Bancop, entidad de propiedad cooperativa, en el financiamiento y desarrollo del sector agropecuario nacional. La disponibilidad de herramientas financieras sostuvo, permite que los avances tecnológicos y productivos puedan llegar a una mayor cantidad de productores, fortaleciendo las cadenas de valor y reduciendo las vulnerabilidades del sector.

La estrategia, explicó, debe integrar producción, industrialización y comercialización, acompañada de asistencia técnica, capacitación y acceso al financiamiento.

EL DESAFÍO DE LOS JÓVENES Y EL CAMBIO GENERACIONAL

Uno de los puntos que Sawatzky consideró fundamentales para el futuro es la incorporación de las nuevas generaciones al campo.

Advirtió que muchos jóvenes abandonan las zonas rurales porque no encuentran allí oportunidades ni perspectivas de prosperidad. Por eso, consideró indispensable mostrar que el campo también puede ofrecer innovación, tecnología, ingresos dignos y un proyecto de vida.

En ese contexto, destacó que las cooperativas institucionalizadas tienen una ventaja para enfrentar el cambio generacional, porque pueden incorporar progresivamente a los jóvenes y prepararlos para asumir responsabilidades.

“La dignidad es la motivación más grande que puede tener una persona”, afirmó, al señalar que recuperar la confianza y la capacidad de decidir sobre el propio futuro constituye uno de los mayores impactos sociales del cooperativismo.

UNA ALTERNATIVA FRENTE AL ASISTENCIALISMO

Sawatzky planteó finalmente una diferencia fundamental entre asistir a las personas y generar las condiciones para que puedan valerse por sí mismas.

A su criterio, el verdadero desarrollo rural no consiste en mantener a las familias dependiendo permanentemente de la asistencia, sino en generar capacidades para que puedan producir, organizarse, acceder a mercados, administrar sus recursos y resolver sus propios problemas.

En esa línea, sostuvo que el modelo cooperativo puede convertirse en una hoja de ruta para replicar experiencias exitosas en comités, asociaciones y comunidades productivas de todo el país.

“EL CAMPO PRODUCE, PARAGUAY CRECE”, RESUMIÓ.

Para Sawatzky, el gran legado del cooperativismo de producción no está solamente en las toneladas producidas, las industrias creadas o los recursos financieros movilizados. Está también en haber demostrado que la organización, la capacitación, la responsabilidad y la cooperación pueden convertir a familias que antes eran víctimas de la pobreza en protagonistas de su propio desarrollo.

Ese proceso, concluyó, es el que puede garantizar una verdadera sostenibilidad económica, social y ambiental para el Paraguay.

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