Natural de España, Montero Tirado llegó a Paraguay a mediados de la década de 1970, iniciando una vida de servicio que se extendió por más de 50 años en este país. Su presencia se consolidó no solo en la comunidad católica, sino también en diversos espacios sociales donde dejó una huella indeleble.
Durante su trayectoria, desarrolló una intensa labor pastoral, especialmente entre comunidades vulnerables como los bañados de Asunción, donde combinó su ministerio religioso con un compromiso social profundo. Además de su trabajo en parroquias, colaboró con medios de comunicación, difundiendo reflexiones periodísticas y pedagógicas sobre la realidad nacional y educativa.
UN EDUCADOR COMPROMETIDO CON LA FORMACIÓN HUMANA
Montero Tirado fue ampliamente reconocido por su labor en el ámbito educativo. No se limitó a ejercer como docente o autor, sino que se dedicó a pensar críticamente el sistema educativo paraguayo desde una perspectiva integral, que abarcó dimensiones humanas, culturales y espirituales.
En columnas de opinión y artículos publicados en diarios nacionales, advirtió con vehemencia que el sistema educativo vigente del país “ignora… la dimensión espiritual”, un aspecto esencial para la formación integral de las personas y que, a su juicio, debía ser reconocido explícitamente en la educación pública.
En múltiples ensayos, también abordó lo que consideraba la “desalienación” de la educación, señalando que el sistema educativo aún adolece de reduccionismos que empobrecen la formación del educando.
DEBATE PÚBLICO Y CRÍTICA EDUCATIVA
Montero Tirado no rehuyó el debate. Fue especialmente crítico frente al denominado Plan Nacional de Transformación Educativa, publicado por el Ministerio de Educación y Ciencias, durante el gobierno de Mario Abdo Benítez, al que calificó de “traición a la cultura paraguaya” y contrario a los valores de la mayoría del pueblo, argumentando que pretendía supuestamente “entregar sumisamente” la educación al poder extranjero.
Sus posiciones, aunque polémicas en ciertos sectores, inspiraron discusiones profundas sobre identidad, valores y objetivos de la educación en Paraguay. Como pedagogo y sacerdote, defendió una educación que formara no solo profesionales competentes, sino también personas conscientes de su dignidad, responsabilidad social y compromiso ético.
APORTES DESDE LA ACADEMIA Y LA FORMACIÓN DOCENTE
Más allá de su labor como columnista y crítico educativo, Montero Tirado fue también parte de espacios formativos para educadores. Ejerció como docente en instituciones vinculadas al pensamiento y formación humanística de los futuros profesionales de la educación.
Su participación en el Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos (ISEHF) —hoy parte de la estructura que impulsa la Universidad Jesuita del Paraguay— destacó su compromiso con la formación reflexiva, ética y crítica de quienes enseñan y lideran procesos educativos.
Como sacerdote jesuita, Montero Tirado combinó siempre su compromiso con la fe y con la sociedad civil. Su presencia en foros, debates y eventos educativos lo hizo una figura de referencia para quienes buscan articular educación, cultura y valores cristianos.
Su fallecimiento es sentido con pesar por numerosas comunidades educativas, religiosas y ciudadanos que valoraron su voz crítica y constructiva, así como su incansable labor por una educación más humana y arraigada en principios éticos sólidos.
