El sistema de jubilación por reparto fue concebido en Alemania en 1889, durante el gobierno del canciller Otto von Bismarck, en el contexto de la unificación del Imperio alemán. Su lógica se basa en que los aportes de los trabajadores activos financian las jubilaciones de quienes ya se retiraron, sin relación directa entre lo aportado y lo percibido, a diferencia del sistema de capitalización individual.
En Paraguay, este modelo fue adoptado en 1943, con la creación del Instituto de Previsión Social (IPS) durante el gobierno de Higinio Morínigo, y desde entonces se mantiene como pilar del sistema previsional.
UN SISTEMA QUE FUNCIONA… HASTA QUE DEJA DE HACERLO
Dietze explica que el sistema colectivista funciona de manera eficiente en sus primeras décadas, cuando existe una amplia base de aportantes y una baja cantidad de jubilados, fenómeno típico de países con alta tasa de natalidad y baja esperanza de vida. En ese escenario, el sistema acumula importantes recursos financieros.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la pirámide poblacional se transforma: disminuyen los nacimientos, aumenta la longevidad y la relación entre aportantes y jubilados se invierte. El resultado es un déficit estructural inevitable, que el autor califica como una “muerte anunciada” del sistema, producto de la falta de previsión política a largo plazo.
“Hoy hay menos aportantes y más jubilados que, además, viven más años”, señala el análisis, advirtiendo que este fenómeno ya se verifica también en Paraguay.
IPS: JUBILACIÓN Y SALUD, UNA COMBINACIÓN RIESGOSA
Uno de los puntos críticos señalados es la administración conjunta del fondo jubilatorio y del sistema de salud dentro del IPS. Según el autor, esta estructura genera un riesgo permanente de desvío de recursos previsionales para cubrir necesidades urgentes del área sanitaria.
A ello se suma una desigualdad territorial: mientras los habitantes urbanos —especialmente de Asunción y el área metropolitana— acceden a mejores servicios, el sector rural, pese a aportar al sistema, recibe una cobertura sanitaria deficiente.
El análisis también subraya que el sector empresarial aporta cerca del 65% de los recursos del IPS, mientras que los trabajadores aportan el 35%, sin que los empleadores tengan derecho a jubilación ni a servicios de salud.
CAPITALIZACIÓN INDIVIDUAL: DISCIPLINA Y PREVISIBILIDAD
Como alternativa, Dietze plantea el sistema de capitalización individual, en el cual cada persona construye su jubilación mediante ahorro personal a largo plazo, capitalizado con interés compuesto. A diferencia del sistema de reparto, este modelo no requiere subsidios estatales ni aportes empresariales, pero sí exige disciplina, previsión y confianza en las instituciones administradoras.
En Paraguay, señala, las cooperativas mutuales ya cuentan con un marco legal que podría servir como base para este tipo de esquema.
El autor presenta ejemplos concretos que muestran cómo, con aportes mensuales relativamente accesibles y una tasa de interés real moderada, es posible alcanzar jubilaciones equivalentes o superiores a las actuales, preservando el poder adquisitivo frente a la inflación.
LO QUE NO DEBE HACERSE
Ante el déficit de las cajas jubilatorias, Dietze es categórico sobre lo que no debe formar parte de la solución:
- No aumentar impuestos generales.
- No crear impuestos específicos sobre productos, capital o exportaciones.
- No trasladar el costo a sectores que no se jubilan ni acceden al sistema, como productores o trabajadores independientes.
Advierte que castigar la inversión productiva solo genera menos producción, mayor inflación y pérdida del poder adquisitivo, afectando finalmente a los propios jubilados y a la población urbana.
PROPUESTAS PARA UNA REFORMA SOSTENIBLE
Entre las principales propuestas del análisis se destacan:
- Que los sacrificios recaigan sobre los propios beneficiarios del sistema.
- Uniformar y elevar la edad jubilatoria en todas las cajas, incluso acercándola a los 70 años, como ya proponía Bismarck.
- Separar institucionalmente la gestión de salud y jubilación dentro del IPS.
- Introducir pagos moderados en el sistema de salud pública, con amplia cobertura.
- Permitir que los años faltantes para la nueva edad jubilatoria se completen mediante capitalización individual, ajustada a la capacidad de ahorro de cada persona.
Para las cajas ya deficitarias, el autor propone un sistema mixto, que reconozca los derechos adquiridos bajo el régimen vigente y complemente los años restantes con capitalización individual obligatoria, sin subsidios.
AHORRO, TRABAJO Y PREVISIÓN
El estudio rescata conceptos del sociólogo y economista Max Weber, quien vinculó el éxito económico al trabajo, el ahorro, la inversión productiva y la cooperación. Bajo esa lógica, el sistema de capitalización individual se apoya en la responsabilidad personal y la cultura del ahorro, con fondos destinados exclusivamente a actividades productivas y no al consumo.
“El sistema colectivista colapsa; la pregunta ya no es si ocurrirá, sino cuándo”, concluye Dietze, planteando que el debate previsional debe abandonar soluciones coyunturales y avanzar hacia un modelo sostenible, equitativo y económicamente racional.














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