Detrás de la euforia: El perjuicio económico de un feriado decretado de noche y sin planificación

(Por Juan Cruz Cellammare) La euforia deportiva es comprensible, pero la gestión de un Estado no puede responder a la efervescencia de un hincha. La decisión del Presidente de la República de decretar un feriado nacional a las 20:30 horas de ayer —anunciado de manera informal en su cuenta de X— desnudó una alarmante falta de madurez institucional e imprevisibilidad que hoy pagan caro miles de paraguayos.

Detrás de la euforia: El perjuicio económico de un feriado decretado de noche y sin planificación

Celebrar una victoria ante Alemania es válido, pero gobernar a base de impulsos en redes sociales no lo es. Al emitir un decreto de forma tan intempestiva, el Poder Ejecutivo dejó paralizado a un país entero sin previo aviso, demostrando una total desconexión con la realidad de la calle. ​Como cronistas de la realidad nacional, es imperativo señalar el impacto real de esta medida:

​La asfixia del cierre de mes: Dictar un feriado en una fecha clave frena en seco el clearing bancario, la liquidación de salarios y los compromisos comerciales de miles de empresas que hoy se ven imposibilitadas de cumplir con sus obligaciones en fecha.

​El castigo al cuentapropista: Para el sector informal, los jornaleros y los trabajadores independientes, un día sin trabajar no es un día de descanso; es un día sin ingresos. En un contexto donde muchos hacen malabares para llegar a fin de mes, este feriado es un lujo que no se pueden permitir.

​La improvisación como política: Si el Gobierno consideraba que el logro deportivo ameritaba un receso, la mínima responsabilidad exigía establecer un escenario previsible (anunciando con antelación que, de darse el resultado, se aplicaría la medida). Avisar a última hora de la noche es una falta de respeto a la planificación ciudadana.

​El patriotismo no se mide por la cantidad de feriados decretados a golpe de tuit, sino por el respeto a las reglas de juego y la previsibilidad que se le otorga a quienes sostienen la economía del país.

​Paraguay necesita celebrar sus triunfos, pero también necesita líderes que entiendan que el desarrollo se logra trabajando, no improvisando. El país no puede quedar a merced de la espontaneidad presidencial de las 8:30 de la noche.

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