Según la especialista, la educación actual está permeada por una filosofía que fomenta la competitividad extrema, donde el más fuerte cree tener el derecho de «quitar del medio» al más débil.
«Estamos yendo a un nivel muy primitivo de supervivencia, similar a la ley de la selva, donde se elimina al que se considera vulnerable, ya sea por una discapacidad, por timidez o incluso por ser más inteligente», explicó Awada en entrevista con RCC.
La doctora fue tajante al señalar que la responsabilidad no recae solo en los menores. «Los niños son el producto de la educación que reciben en casa. No se puede decir ‘fue solo una broma’ cuando esa acción casi le cuesta la vida a otro niño y genera una deuda médica de 50 millones de guaraníes», afirmó, instando a que los padres de los agresores asuman las consecuencias legales y económicas.
Asimismo, criticó la postura de ciertos directivos escolares que intentan minimizar los hechos para evitar intervenciones del Ministerio de Educación o por temor a perder alumnos. Aguada recalcó que la prioridad absoluta de cualquier institución debe ser la seguridad física y emocional, antes que la académica.
LA URGENCIA DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL
Como medida de prevención, la Dra. Awada subrayó la necesidad imperante de implementar una educación emocional sistemática desde el nivel inicial. «Nuestros chicos no saben manejar su ira ni tienen empatía. El Ministerio de Educación debe pasar de los papeles a la práctica; enseñar inteligencia emocional es tan vital como las matemáticas», sostuvo.
Finalmente, destacó que el factor espiritual es un pilar fundamental para fortalecer la identidad de los niños. «Darles una identidad firme basada en valores cristianos de compasión y amor al prójimo es lo que les permitirá enfrentar un mundo donde la maldad parece ir en aumento», concluyó.














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