Lejos de los pupitres convencionales, estos jóvenes dedican su tiempo a una unidad productiva de 1,5 hectáreas. Allí, con el apoyo de la Gobernación y la Municipalidad de Concepción —quienes proveyeron semillas y maquinaria para el suelo—, cultivan sandía, melón, batata y zapallitos.
El fruto de este esfuerzo no solo tiene un valor simbólico; la cosecha se destina íntegramente al autoconsumo, garantizando una dieta saludable y el aprendizaje de técnicas de agricultura sostenible que podrían convertirse en su futuro sustento.
RESPONSABILIDAD EN EL CORRAL
El programa, supervisado por el director Wilfrido Ortega y administrado por el SENAAI, también incluye la gestión pecuaria. Los adolescentes tienen a su cargo el cuidado, alimentación y sanidad de cerdos y una treintena de aves.
Esta labor les exige disciplina y un compromiso diario con el bienestar animal, valores fundamentales para el proceso de restauración que impulsa el Ministerio de Justicia. “El interés de los jóvenes demuestra que, con los entornos adecuados, es posible construir proyectos de vida positivos”, destacan desde la institución.
Este modelo de “aprender haciendo” transforma el tiempo de reclusión en una oportunidad para adquirir habilidades técnicas y fortalecer el trabajo en equipo, demostrando que la tierra, además de alimentos, también puede dar segundas oportunidades.














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