El presidente ha ordenado a la Armada de los Estados Unidos —a la que calificó como «la mejor del mundo»— interceptar y bloquear cualquier buque que intente entrar o salir del paso estratégico. Trump justificó esta acción como una respuesta necesaria ante lo que denominó «extorsión internacional», acusando a Irán de sembrar minas marinas de forma clandestina para coaccionar a las potencias extranjeras.
«Los líderes de los países, especialmente los de Estados Unidos, jamás se dejarán extorsionar», sentenció Trump. Además del bloqueo, la orden ejecutiva incluye la interceptación en aguas internacionales de cualquier embarcación que haya pagado «peajes ilegales» a Irán para navegar, eliminando efectivamente su derecho a un paso seguro en alta mar.
UNA AMENAZA DE ANIQUILACIÓN TOTAL
El tono de la Casa Blanca ha escalado a niveles de beligerancia sin precedentes. El mandatario aseguró que las fuerzas estadounidenses ya han comenzado a destruir las minas iraníes en el Estrecho y advirtió que cualquier agresión contra naves pacíficas o tropas de EE. UU. resultará en la destrucción inmediata del atacante.
Trump pintó un panorama devastador sobre la situación actual de Irán, afirmando que sus capacidades militares están prácticamente anuladas y que sus principales líderes, incluido el ayatolá Khamenei, han muerto como consecuencia de su «ambición nuclear».
«Nuestras Fuerzas Armadas acabarán con lo poco que queda de Irán», advirtió el presidente, subrayando que la operación contará con la participación de otros países aliados.
Con el bloqueo a punto de iniciar, la economía global y la estabilidad en el Medio Oriente entran en una fase de incertidumbre crítica, bajo la sombra de un conflicto armado directo que parece inminente.














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