En el pronunciamiento, la cúpula militar calificó como un “cobarde secuestro” la captura de Maduro, a quien describió como “presidente constitucional” y “comandante en jefe”, y denunció que la acción fue perpetrada el sábado 3 de enero luego del «asesinato a sangre fría” de parte de su equipo de seguridad, incluidos efectivos militares y civiles, afirmación que no fue respaldada con pruebas independientes.
La FANB extendió además su rechazo a lo que definió como una agresión imperial contra la soberanía nacional y reiteró su respaldo absoluto a la figura de Maduro, incorporando consignas ideológicas y referencias al legado del fallecido expresidente Hugo Chávez, en un mensaje marcadamente político que refuerza el alineamiento del estamento castrense con el chavismo.
En paralelo, el comunicado expresó acatamiento a la decisión de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que designó a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como presidenta encargada, con el objetivo de asegurar la continuidad administrativa del Estado. Sin embargo, la declaración militar introduce una evidente ambigüedad institucional: mientras reconoce formalmente a Rodríguez como autoridad en ejercicio, mantiene como eje central de su discurso la exigencia de restitución de Maduro al poder.
La Fuerza Armada respaldó de manera explícita el decreto de Estado de Conmoción Exterior, dictado por el Ejecutivo y validado por el TSJ, y anunció la activación del apresto operacional en todo el territorio nacional. Según el mensaje, se desplegarán todas las capacidades militares para la defensa del país, el control del orden interno y la preservación de la paz, bajo el esquema de “fusión popular-militar-policial”.
El tono del comunicado, cargado de retórica ideológica y consignas políticas, refuerza el carácter partidizado de la institución armada, que se define a sí misma como el “Ejército Unido Libertador del Siglo XXI” y asume un rol protagónico no solo en la defensa nacional, sino también en la conducción política del país.
Analistas advierten que el pronunciamiento de la FANB deja en evidencia una tensión estructural: mientras proclama su compromiso con la estabilidad y la gobernabilidad, condiciona implícitamente ese objetivo a la liberación de Maduro, lo que introduce un factor de incertidumbre institucional en un contexto ya marcado por la excepcionalidad, la militarización del poder y la falta de claridad constitucional sobre la sucesión presidencial.
En medio de una crisis sin precedentes, el mensaje de las Fuerzas Armadas no solo ratifica su lealtad política al chavismo, sino que confirma su papel determinante en el equilibrio de poder, en un escenario donde la gobernabilidad aparece supeditada, una vez más, al control militar y a la defensa de un liderazgo cuestionado dentro y fuera del país.













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