La postura de la administración Trump no es solo una reacción a la caducidad del tratado, sino una respuesta a lo que Washington describe como una «obsolescencia deliberada» por parte de sus adversarios. Según Rubio, el modelo de control de armas que funcionó durante décadas se ha vuelto insuficiente frente a una China que ha triplicado su arsenal nuclear en apenas cinco años.
El punto central de la nueva doctrina reside en una realidad matemática y estratégica: Estados Unidos ya no compite contra un solo gigante nuclear. Rubio subrayó que Pekín ha pasado de 200 a más de 600 ojivas nucleares desde 2020, con una trayectoria clara para superar las 1.000 ojivas en 2030.
Esta expansión, calificada como «rápida y opaca», deja a los acuerdos previos como reliquias de un mundo que ya no existe. «Un tratado requiere al menos dos partes cumplidoras», enfatizó Rubio, recordando que Rusia ya había dejado de aplicar el Nuevo START en 2023 tras años de incumplimientos sistemáticos.
LOS PILARES DEL ENFOQUE «AMERICA FIRST» EN GINEBRA
El Secretario Rubio delineó una hoja de ruta basada en tres pilares que buscan redefinir la estabilidad estratégica global:
Multilateralismo Obligatorio: China ya no puede ser un espectador en las negociaciones de desarme. Washington exige que el gigante asiático asuma responsabilidades proporcionales a su nuevo estatus de superpotencia nuclear.
Negociación desde la Fortaleza: Bajo la premisa de que «los acuerdos difíciles son los que valen la pena», EE. UU. no reducirá su capacidad defensiva por mero formalismo diplomático. Al contrario, Rubio confirmó que se mantendrá una disuasión nuclear robusta y modernizada para asegurar que ni Moscú ni Pekín perciban debilidad.
Realismo sobre Papel: La administración rechaza el control de armas «por el simple hecho de controlar las armas». Cualquier nuevo pacto deberá incluir mecanismos de verificación infalibles, alejándose de las promesas vacías que, según Rubio, caracterizaron los últimos años del Nuevo START.
UN PROCESO LARGO Y COMPLEJO
Rubio fue franco al admitir que la construcción de este nuevo marco trilateral no será inmediata. Si las negociaciones bilaterales con la Unión Soviética tomaron décadas de precedentes, la inclusión de una tercera potencia con intereses divergentes plantea un desafío diplomático sin precedentes en la historia moderna.
Sin embargo, el mensaje de Ginebra fue claro: Estados Unidos prefiere el vacío legal de un tratado expirado a la falsa seguridad de un acuerdo que ignora el crecimiento de China. «Estamos dando los primeros pasos hacia un futuro donde la amenaza nuclear se reduzca en la realidad, y no solo en el papel», concluyó el Secretario.














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