El propio Trump anunció, en su cuenta de Truth Social, la ofensiva a través de Truth Social, donde sostuvo que la acción fue ejecutada por fuerzas estadounidenses y adelantó una conferencia de prensa desde Mar-a-Lago. Hasta el momento, no existe confirmación independiente que respalde la supuesta detención del mandatario venezolano.
Mientras tanto, el régimen chavista quedó sumido en la incertidumbre. La vicepresidenta Delcy Rodríguez reconoció públicamente que se desconoce el paradero de Maduro, exigió a Washington una prueba de vida y denunció una “gravísima agresión militar” por parte de Estados Unidos.

Durante la madrugada se registraron fuertes explosiones, incendios y sobrevuelo de aeronaves militares en Caracas y en los estados Miranda, Aragua y La Guaira. Imágenes difundidas en redes sociales muestran detonaciones en Fuerte Tiuna —el principal complejo militar del país— y en la base aérea de La Carlota, mientras decenas de residentes abandonaban la zona.
El Gobierno venezolano decretó el estado de conmoción exterior, ordenó el despliegue total de fuerzas militares y policiales y anunció que llevará el caso ante la ONU, calificando el ataque como una violación flagrante del derecho internacional.
La ofensiva estadounidense desató una rápida polarización internacional. Rusia, Irán, Cuba y Colombia condenaron la acción militar, mientras el presidente argentino Javier Milei celebró el anuncio de Trump con un mensaje contundente: “La libertad avanza. Viva la libertad, carajo”.
En contraste, la oposición venezolana evitó pronunciarse sobre la supuesta captura y afirmó que no dispone de información confirmada, en medio de una de las mayores crisis militares y políticas que haya vivido Venezuela en décadas.














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