Insultos por el color de piel, burlas hacia el país de origen, cánticos solapados en las tribunas y acusaciones cruzadas en redes sociales nos demuestran, con tristeza, que el fútbol a veces saca a la luz lo peor del ser humano. Al albergar a tantas culturas en un solo lugar, la sede del torneo ha quedado en el ojo de la tormenta, pero este no es un problema geográfico; pasa en América, pasa en Europa y pasa en nuestro día a día.
¿Por qué no termina este asunto? La respuesta es dura pero simple: el racismo es un problema del corazón. Mientras sigan vigentes el orgullo, la envidia y las ganas de sentirnos superiores al otro, siempre habrá alguien dispuesto a encender la chispa del prejuicio.
Pero el problema no solo radica en quien insulta, sino también en quienes consumimos y compartimos esa toxicidad. Al viralizar el video de la ofensa, al reenviar el «chiste inocente» que humilla o al fomentar la burla en los grupos de WhatsApp, nos convertimos en cómplices. Estamos echando combustible al fuego bajo la excusa del morbo o el entretenimiento chabacano.
La vida se rige por la ley de la siembra y la cosecha. Quien siembra burlas hacia el acento, la cultura o el color de piel del prójimo, no puede esperar cosechar algo distinto al odio, la violencia y una sociedad rota. El libro de Proverbios (18:20) nos lo advierte con sabiduría: «Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre». Nuestras palabras y nuestras reacciones construyen la realidad que luego nos tocará vivir.
Para quienes buscan una guía más profunda, Gálatas 3:28 nos recuerda una verdad absoluta: «Ya no hay judío ni griego… porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús». Dios no ve banderas ni colores de piel; Él ve corazones.
El fútbol, el trabajo y la vida misma funcionan mejor cuando decidimos tratarnos como hermanos y no como rivales. La próxima vez que te llegue un contenido que degrade a otro ser humano, hacé una pausa y preguntate: ¿lo comparto para seguir alimentando la división, o lo borro y detengo la cadena? La cosecha de mañana depende de lo que decidas sembrar hoy.
