Según fuentes del Departamento de Estado, los mandatarios de Argentina, Paraguay, Bolivia, El Salvador, Ecuador y Honduras acudirán a este encuentro, que marca el fin de la era de los foros multilaterales tradicionales, como la Cumbre de las Américas (originalmente prevista para 2025 en República Dominicana y ahora pospuesta indefinidamente), para dar paso a una diplomacia de «aliados preferentes».
La cumbre tendrá como figura central a Nayib Bukele. El salvadoreño se ha posicionado como un socio estratégico al colaborar directamente con la política migratoria de línea dura de Trump, aceptando incluso el ingreso de criminales deportados en sus cárceles de alta seguridad.
Este modelo de seguridad ciudadana es el «imán» que atrae al resto de los invitados: Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador) y Tito Asfura (Honduras), quienes buscan replicar total o parcialmente el esquema de Bukele en sus propios territorios, aunque cada uno llega a Miami con su propia agenda de negociación.
INTERESES CRUZADOS: ECONOMÍA Y ESTATUS LEGAL
Para Javier Milei, la cita en Miami es el preludio de una misión comercial en Nueva York (Argentina Week) para atraer inversiones. Por su parte, el hondureño Tito Asfura —cuyo triunfo electoral contó con el apoyo decisivo de Trump— buscará un intercambio delicado: cooperación total contra el narcotráfico a cambio de que Washington revierta el fin del TPS, el estatuto que protege a miles de hondureños en EE. UU.
Ecuador y Bolivia, por otro lado, pondrán sobre la mesa recursos estratégicos. Daniel Noboa apuesta al petróleo y café, mientras que Rodrigo Paz ofrece los vastos yacimientos de minerales bolivianos, insumos clave en la visión económica de la administración Trump.













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