En medio del movimiento habitual de una calle concurrida, una mujer decidió alzar la voz para compartir un mensaje de fe. Sin escenario ni equipos de sonido, comenzó a repetir una frase que captó la atención de quienes pasaban por el lugar: “¡Cristo viene!”.
Las imágenes de la predicación comenzaron a circular en las redes sociales, donde numerosos usuarios se hicieron eco de sus palabras. Durante su intervención, la mujer instó a las personas a reflexionar sobre su relación con Dios, arrepentirse de sus pecados y dejar atrás aquellas conductas que, desde su perspectiva cristiana, las alejan de Jesús.
En su mensaje mencionó prácticas como el consumo de alcohol y las frecuentes salidas a bares. Sin embargo, también destacó que sus palabras no buscaban transmitir únicamente una advertencia, sino recordar que Dios sigue amando al pueblo panameño y ofrece una oportunidad para volver a Él.
La difusión del video coincidió con la preocupación generada por el terremoto de magnitud 7,7 reportado el 9 de octubre en Panamá. El movimiento sísmico provocó daños en distintas estructuras y generó inquietud entre los habitantes de las zonas afectadas. En Penonomé, según el relato difundido, una de las torres de una iglesia sufrió un colapso parcial.

En medio de la incertidumbre, el mensaje de la predicadora adquirió un significado especial para muchos creyentes, que vieron en sus palabras una invitación a fortalecer la fe y recordar la fragilidad de la vida. No obstante, la coincidencia entre la predicación y el sismo no demuestra que ambos hechos tengan una relación espiritual directa.
La escena llamó la atención precisamente por el contraste entre la preocupación que se vivía en el país y la decisión de la mujer de utilizar ese espacio público para hablar de salvación, arrepentimiento y del regreso de Jesucristo.
Su exhortación también recordó las palabras de Jesús registradas en Mateo 24:42: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor”. Este pasaje invita a los cristianos a mantenerse vigilantes y preparados espiritualmente.
Así, una acera se convirtió en el escenario de una predicación directa, con un llamado que resume el centro de su mensaje: buscar a Dios, vivir la fe con sinceridad y mantener la esperanza puesta en Cristo.