La movilización, denominada “Acompaña a los familiares de los presos políticos”, surge en un momento de máxima sensibilidad. Tras el anuncio del Gobierno venezolano sobre la liberación de más de 100 detenidos —incluyendo ciudadanos de España e Italia—, la ansiedad ha crecido entre quienes aseguran que sus allegados son víctimas de un sistema judicial arbitrario que fabrica cargos de espionaje y traición a la patria para justificar detenciones prolongadas.
Según la agencia española EFE, entre los presentes estaba Javier Giraldo, hijo de un hombre de 70 años con el mismo nombre, quien hoy se encuentra en el complejo penitenciario Rodeo II. Con la voz entrecortada, Giraldo denunció que su padre sufre graves problemas de salud y que su detención sigue el mismo «libreto» aplicado a otros extranjeros: la imputación de delitos de terrorismo sin pruebas contundentes.
El drama se repetía en el rostro de Sandra Castaño, quien no pudo contener el llanto al recordar a su hijo, Brandon Josué. «Tengo una corazonada que me dice que muy pronto voy a abrazarlo», relató emocionada. Brandon fue detenido hace seis años mientras visitaba a su abuela, un viaje rutinario que terminó en una condena por espionaje que su familia rechaza tajantemente.
UNIDOS POR EL DOLOR FRONTERIZO
La vigilia no solo convocó a colombianos. Venezolanos como Diomira Becerra cruzaron el puente para solidarizarse, señalando casos desgarradores como el de Gabriel Rodríguez, un joven de apenas 17 años condenado a una década de prisión.
Para muchas de estas familias, la lucha es contra el olvido. Es el caso de Miriam Angarita, quien durante una década creyó que su hijo, Guzmán Humberto Ramírez, había fallecido. Solo supo que seguía vivo cuando un grupo previo de liberados mencionó su nombre al salir de prisión.
Hoy, Miriam se mantiene en vilo, esperando que la próxima «excarcelación a cuentagotas» finalmente pronuncie el nombre de su hijo y le permita regresar a casa por el mismo puente donde hoy ella reza por él.














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