Peña afirmó que Paraguay no viajó a Venezuela para validar a ningún régimen, sino para intentar contribuir a una nueva etapa política del país y acompañar al pueblo venezolano en el camino hacia una transición democrática y pluralista.
“Paraguay ama la democracia y cree que el pueblo venezolano merece también la democracia”, sostuvo el mandatario ante los representantes de los Estados miembros de la ONU.
“NO FUI A VENEZUELA A VALIDAR UN RÉGIMEN”
Peña reconoció que su visita a Caracas generó cuestionamientos, precisamente porque Paraguay mantiene interrumpidas sus relaciones diplomáticas con Venezuela.
Por ello, aprovechó su intervención ante la Asamblea General para explicar personalmente las razones de su decisión. “No fui a Venezuela a validar un régimen. No fui a validar absolutamente nada”, afirmó.
El presidente sostuvo que Paraguay tomó la decisión de acercarse porque, a su criterio, durante décadas los países sudamericanos se limitaron a formular declaraciones sobre la crisis venezolana sin conseguir resultados concretos. “Fueron 25 años de mirar, esperar y condenar desde esa cómoda distancia, pero sin hacer nada por el pueblo venezolano”, cuestionó.
Según Peña, esa estrategia dejó como resultado que la comunidad internacional hablara reiteradamente sobre Venezuela mientras los ciudadanos de ese país continuaban padeciendo las consecuencias de su crisis política, económica y social. “Se miró, se habló, pero no se actuó”, enfatizó.
PARAGUAY BUSCA PARTICIPAR EN LA TRANSICIÓN
El mandatario presentó su viaje a Caracas como un intento de dar un “segundo paso” después de los acontecimientos que llevaron a la salida de Nicolás Maduro del poder.
Peña sostuvo que Paraguay puede desempeñar un papel útil en esta nueva etapa para contribuir a una transición democrática, pluralista e institucional.
El planteamiento adquiere especial relevancia porque el Gobierno paraguayo había anticipado que la visita a Caracas tendría entre sus objetivos abordar el proceso institucional venezolano, el fortalecimiento de la economía y la lucha contra el crimen transnacional, además de explorar las condiciones para un eventual restablecimiento de relaciones diplomáticas o consulares.
Actualmente, Venezuela atraviesa una etapa de reorganización institucional bajo la conducción interina de Delcy Rodríguez, quien asumió tras la salida de Maduro. La situación venezolana también ha comenzado a generar nuevos contactos con organismos financieros internacionales y actores extranjeros.
“DIALOGAR NO ES RENUNCIAR A LOS PRINCIPIOS”
Uno de los conceptos centrales del discurso de Peña fue la defensa del diálogo como instrumento diplomático.
El presidente sostuvo que mantener conversaciones con las autoridades venezolanas no implica abandonar la posición paraguaya respecto de la democracia y los derechos humanos. “Dialogar no es renunciar a los principios, ni olvidar el pasado”, afirmó.
Para Peña, el diálogo constituye una forma de acompañar al pueblo venezolano y de buscar resultados concretos después de años de crisis. “El liderazgo del Paraguay no confunde el diálogo con la indiferencia. Hablar es una forma de acompañar al pueblo venezolano”, agregó.
La postura representa un cambio de enfoque respecto de la etapa anterior, marcada por el reconocimiento paraguayo de Edmundo González como presidente electo y la ruptura de relaciones diplomáticas con Caracas. En aquella oportunidad, Paraguay había fundamentado su decisión en la defensa de la voluntad expresada por los venezolanos en las elecciones y en la restauración democrática.
NO ESPERAR QUE LAS POTENCIAS RESUELVAN EL PROBLEMA
Peña también planteó que la solución a los problemas latinoamericanos debe surgir de la propia región. “No podemos esperar que los Estados Unidos de América o alguna potencia del norte resuelvan nuestros problemas. Tenemos que hacerlo nosotros mismos”, manifestó.
En ese sentido, pidió a los países latinoamericanos asumir un papel más activo en el proceso venezolano, en lugar de limitarse a esperar decisiones de las grandes potencias.
Su propuesta apunta a una participación regional que combine diálogo político, cooperación y acompañamiento institucional.
UNA TRANSICIÓN CON INSTITUCIONES Y ECONOMÍA
Peña marcó además qué tipo de transición espera para Venezuela.
Tomando como referencia la experiencia paraguaya posterior a la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner en 1989, afirmó que su objetivo es que Venezuela pueda alcanzar una transición democrática real y duradera. “Yo quiero para Venezuela lo que mi país, el Paraguay, logró después de 35 años de una dictadura en 1989”, expresó.
Pero advirtió que no considera suficiente una salida meramente simbólica o protocolar. “No quiero una foto, no quiero un comunicado”, afirmó.
El presidente planteó una transición que incluya instituciones democráticas, seguridad, recuperación económica y reinserción internacional. “Quiero, queremos una transición con instituciones, con seguridad, con economía y con un pueblo otra vez integrado a la comunidad internacional y, en nuestro caso, integrado al Mercosur”, señaló.
CRIMEN TRANSNACIONAL, OTRO EJE
El mandatario también vinculó la situación venezolana con uno de los principales desafíos de seguridad de América Latina: el crimen organizado transnacional.
Según Peña, el diálogo con Venezuela también puede servir para coordinar acciones contra organizaciones criminales que operan más allá de las fronteras nacionales. “Es también una forma de combatir juntos el crimen transnacional que no respeta fronteras y que lastima a toda la región”, afirmó.
Este componente coincide con la agenda que la Cancillería paraguaya había señalado antes de la visita presidencial a Caracas, incluyendo la lucha contra el crimen transnacional organizado como uno de los asuntos prioritarios del encuentro bilateral.
Paraguay ha venido colocando la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico como un componente central de su política de seguridad regional, promoviendo mecanismos de cooperación con otros países del continente.
EL LLAMADO SE EXTIENDE A CUBA, NICARAGUA Y HAITÍ
Peña no limitó su planteamiento a Venezuela.
Desde la tribuna de Naciones Unidas pidió a los países latinoamericanos y a la propia organización internacional trabajar para que Venezuela pueda volver a insertarse plenamente en la comunidad internacional y contar con un gobierno democrático y respetuoso de los derechos humanos.
Luego amplió el llamado a Nicaragua, Cuba y Haití, países que, según afirmó, han atravesado prolongados períodos de autoritarismo, violencia y crisis. “Donde hay elecciones libres hay esperanza”, sostuvo.
El presidente paraguayo cerró esta parte de su discurso insistiendo en que la comunidad internacional no puede quedarse solamente en las declaraciones. “Pero no tenemos que quedarnos en el discurso, tenemos que actuar. Hagámoslo, hagámoslo juntos”, expresó.
PARAGUAY BUSCA UN PAPEL ACTIVO
El mensaje de Peña ante la ONU consolida así una línea diplomática que intenta combinar la defensa de los principios democráticos con una mayor participación directa en los procesos regionales.
La apuesta paraguaya consiste en sostener que el diálogo con las autoridades de un país no equivale necesariamente a legitimar todas sus actuaciones, sino que puede ser utilizado como una herramienta para impulsar cambios institucionales y acompañar a las sociedades en procesos de transición.
El desafío estará ahora en traducir ese acercamiento en resultados concretos: avances institucionales, garantías democráticas, respeto a los derechos humanos, cooperación contra el crimen organizado y una eventual normalización de las relaciones internacionales de Venezuela.
La propia Cancillería paraguaya había señalado antes del viaje que uno de los objetivos era precisamente explorar un eventual restablecimiento de las relaciones diplomáticas o consulares.
Peña llevó así ante Naciones Unidas una posición que combina firmeza en la defensa de la democracia con apertura al diálogo, planteando que la región debe asumir mayor responsabilidad en la búsqueda de soluciones para sus propias crisis.
