En ese marco, y respondiendo a un cuestionario formulado por el Holding RCC, el Centro de Estudios Económicos (CEE) de la Unión Industrial Paraguaya (UIP) plantea una «lectura realista«, con oportunidades concretas, pero también con riesgos que el país deberá “gestionar con inteligencia”.
¿Qué sectores paraguayos están realmente en condiciones de aprovechar el acuerdo?
Paraguay no es solo un exportador de materias primas. Hoy ya existen sectores que venden de manera regular a la Unión Europea y que cuentan con bases sólidas para crecer. Entre ellos, la UIP destaca al sector de proteínas animales, respaldado por una sanidad confiable, criterios de sostenibilidad verificables y una estrategia de diferenciación que permite capturar mayor valor.
A esto se suma el sector forestal–maderero, con gran proyección, en un mercado que remunera el cumplimiento de certificaciones ambientales y cadenas de custodia confiables. También aparecen nichos bien definidos para productos orgánicos y especiales, como azúcar orgánica, sésamo, chía, frutas procesadas e infusiones, donde pesan el origen, la calidad y la consistencia. La bioenergía y la industria de autopartes completan el mapa de sectores con potencial real.
¿Las inversiones europeas garantizarán empleo de calidad y desarrollo industrial?
No necesariamente. La UIP es clara: no existe una relación automática entre firmar un acuerdo y lograr desarrollo. La llegada de inversiones dependerá de cómo Paraguay estructure sus condiciones internas.
Europa atraviesa una etapa de desindustrialización relativa, con altos costos laborales, energía cara y fuerte competencia de productos asiáticos subsidiados. Ese escenario abre una ventana para países como Paraguay, que ofrece energía abundante y competitiva, incentivos a la inversión, mano de obra joven y ubicación estratégica.
Pero el acuerdo, por sí solo, no asegura nada. Para atraer inversiones que generen empleo de calidad, transferencia tecnológica y encadenamientos productivos, el país debe resolver desafíos estructurales: logística, infraestructura, financiamiento de largo plazo, digitalización, capacitación técnica e informalidad. El desafío no es solo atraer capital, sino orientarlo inteligentemente.
¿Cómo evitar que las Pymes queden desplazadas por productos europeos?
Esta es una de las preocupaciones más legítimas. Una apertura mal gestionada puede afectar a las Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes), y ese riesgo existe. Sin embargo, el acuerdo incluye herramientas clave para economías pequeñas como Paraguay: trato especial y diferenciado, plazos más largos de desgravación, gradualidad para sectores sensibles, defensas comerciales y preferencia en compras públicas.
Pero la UIP advierte que el texto del acuerdo no basta. Es imprescindible una política interna activa que permita a las Pymes adaptarse. Esto implica fortalecer la competitividad con certificaciones de calidad, digitalización, acceso a crédito en condiciones de desarrollo, capacitación laboral alineada a la industria y simplificación regulatoria.
Además, la clave no siempre está en competir en el producto final. Muchas Pymes pueden integrarse como proveedoras de insumos, partes o servicios dentro de cadenas de valor nacionales, regionales o globales. El verdadero obstáculo, señala la UIP, no es Europa, sino el costo país: logística deficiente, burocracia, informalidad y falta de seguridad jurídica.
¿El acuerdo impulsa la diversificación o refuerza el modelo primario?
La respuesta es directa: depende de Paraguay. El acuerdo no define el modelo productivo; lo hace la estrategia nacional. Bien gestionado, puede empujar a exportar con mayor valor agregado, elevar estándares y atraer inversiones industriales. Mal acompañado, puede consolidar un perfil primario, exportando materias primas y generando empleo de mayor calidad fuera del país.
La UIP plantea una consigna clara: avanzar hacia mayor valor por tonelada, no solo más volumen exportado. Eso exige inversión sostenida en capital humano, innovación, logística y seguridad jurídica.
¿Los estándares europeos son una oportunidad o una nueva barrera?
Europa no negocia sus estándares. La pregunta no es si van a cambiar, sino si Paraguay decide prepararse para cumplirlos. Existe capacidad para hacerlo, pero se requiere fortalecer la institucionalidad: controles sanitarios, trazabilidad, laboratorios, certificaciones y digitalización.
Desde el sector productivo, será clave acompañar a empresas y productores con asistencia técnica, financiamiento y tecnología. Un producto puede ser competitivo, pero si no demuestra cumplimiento, no entra al mercado. Para la UIP, cumplir estándares no debilita la soberanía; por el contrario, construye reputación, diversifica mercados y fortalece la posición del país.
La advertencia final
El acuerdo UE–Mercosur es una oportunidad concreta, pero no un punto de llegada. Sin estrategia, el acceso preferencial se vuelve irrelevante. El mercado europeo no compra expectativas: compra hechos. Paraguay decide si invierte para competir o si se conforma con mirar pasar la oportunidad.














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