Paraguay registra en 2025 su mayor molienda de soja de la década

Con un volumen de 3,33 millones de 6toneladas procesadas, el sector industrial sojero roza sus récords históricos, según boletín mensual de la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO). Sin embargo, el gremio advierte que el éxito actual es "prestado" por la coyuntura internacional y reclama reformas estructurales para garantizar su sostenibilidad.

El 2025 quedará registrado en las estadísticas económicas como el año en que la capacidad industrial del Paraguay volvió a demostrar su resiliencia y potencial. Según datos oficiales de la citada Cámara, las agroindustrias nacionales lograron agregar valor a un total de 3.334.038 toneladas de soja, una cifra que representa el mejor desempeño del sector en lo que va de la presente década.

Este volumen no solo supera ampliamente los 2,57 millones de toneladas del 2024 (un crecimiento del 29,4%), sino que sitúa al sector a solo un paso del récord histórico de 2019, cuando se procesaron 3,37 millones de toneladas.

CAPACIDAD INSTALADA: UN MOTOR AL 77%

Uno de los indicadores más reveladores del informe es el uso de la infraestructura. La utilización de la capacidad instalada en las plantas nacionales cerró el año en un 77%. Este incremento de 16 puntos porcentuales respecto al año anterior es el más alto desde el 2020.

A pesar de esta recuperación, el sector enfatiza que todavía existe un «lucro cesante» social y económico: Paraguay aún cuenta con un margen del 23% de capacidad ociosa. En otras palabras, el país tiene la infraestructura lista para procesar más de un millón de toneladas adicionales, lo que se traduciría en más empleos y mayor estabilidad cambiaria si se dieran las condiciones competitivas adecuadas.

LA PARADOJA DEL ÉXITO: ¿CRECIMIENTO REAL O COYUNTURAL?

El informe de CAPPRO introduce una nota de cautela necesaria. El buen desempeño del 2025 no fue producto de una mejora en las políticas de incentivo locales, sino de un reordenamiento del tablero global.

La estabilización económica de Argentina y diversos ajustes regulatorios en países vecinos redujeron la agresividad de la demanda externa por el grano paraguayo en estado natural. Esto, sumado a las tensiones comerciales entre las principales potencias mundiales, «enfrió» la presión compradora sobre la materia prima, permitiendo que las industrias locales tuvieran un acceso más fluido y previsible al abastecimiento de granos.

EL IMPACTO EN LA BALANZA COMERCIAL

En términos monetarios, el complejo soja (granos, aceite, harina y cascarilla) generó divisas por US$ 3.576,94 millones. Si bien esto representa una caída del 14% en comparación con el 2024 —explicada principalmente por el descenso de los precios internacionales y una menor producción primaria—, el componente industrial sacó la cara por la economía:

Ingresos por productos procesados: Alcanzaron los US$ 1.222,53 millones, un aumento del 21%.

Participación: La agroindustria pasó a representar el 34% del valor total del complejo sojero, ganando 10 puntos de terreno frente a la exportación de grano natural en comparación con el año pasado.

LA MIRADA EN EUROPA: EL ACUERDO MERCOSUR-UE

El horizonte del 2026 se presenta con una oportunidad dorada: el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. Históricamente, Europa ha sido un comprador clave para la harina de soja paraguaya, pero el mercado del aceite se perdió casi por completo tras la eliminación de ventajas arancelarias en 2019.

«La firma del acuerdo trasciende lo comercial; es una oportunidad estratégica para diversificar nuestro perfil productivo», señala el reporte. El acceso a un mercado de 450 millones de personas con alta capacidad de consumo podría ser el catalizador definitivo para que Paraguay deje de ser un «exportador de materia prima» y se consolide como un «hub agroindustrial de clase mundial».

CONCLUSIÓN: HACIA UNA POLÍTICA DE ESTADO

El mensaje final de los industriales es claro: la resiliencia demostrada en 2025 debe ser respaldada por un marco regulatorio previsible. Para que el procesamiento de oleaginosas sea sostenible y no dependa de si Argentina se estabiliza o si los precios suben en Chicago, Paraguay necesita políticas públicas consistentes que fomenten la competitividad de la manufactura nacional.

 

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