La paradoja de la carne en Paraguay: ¿Por qué suben los precios si el productor gana menos?

En una entrevista con RCC Radio, el Dr. Pedro Galli Romach, ex presidente de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), analizó la compleja situación del mercado cárnico nacional. Galli explicó que, aunque Paraguay comparte con Argentina y Uruguay el podio de mayor consumo per cápita de carne bovina en el mundo, el consumidor local enfrenta hoy una presión económica que no se refleja en los ingresos del productor primario.

La paradoja de la carne en Paraguay: ¿Por qué suben los precios si el productor gana menos?

El mito de la exportación y el precio de la costilla: Uno de los puntos más esclarecedores de la entrevista fue el desmitificar que la exportación encarezca el producto interno. «Paraguay solo consume el 25% al 30% de lo que produce; el 70% restante debe exportarse obligatoriamente», señaló Galli. Explicó que la exportación, lejos de perjudicar, beneficia al mercado local con cortes como la costilla y el puchero, ya que, por normas sanitarias internacionales, la carne con hueso no se exporta masivamente, lo que genera un excedente que históricamente ha mantenido precios accesibles para el asado cotidiano.

Concentración de mercado y el rol de los frigoríficos: El Dr. Galli fue tajante al señalar dónde se produce la distorsión de precios. Mientras existen más de 130.000 productores ganaderos (oferta atomizada), la compra de ganado para faena está concentrada en muy pocas industrias frigoríficas.

«Nosotros, los productores, somos tomadores de precios. No fijamos el costo de venta; llamamos al frigorífico y ellos nos dicen cuánto están pagando. El que maneja el precio final es el que compra el ganado y vende la carne», afirmó.

Alerta por «Posición Dominante» y el achicamiento del hato ganadero: Galli reveló que la CONACOM (Comisión Nacional de la Competencia) se encuentra investigando posibles prácticas restrictivas y abuso de posición dominante. Según el ex titular de la ARP, esta distorsión ha causado que el hato ganadero nacional caiga de 14 millones a menos de 13 millones de cabezas, debido a que muchos productores trabajaron a pérdida durante años mientras el consumidor final seguía pagando precios altos.

Cabe destacar que la reciente suba del precio de la carne, que registró un incremento del 3% apenas iniciado el año, ha reavivado un debate histórico en Paraguay sobre quién se beneficia realmente en la cadena de valor de la proteína roja. Al respecto, Galli desglosó los factores culturales, operativos y de mercado que dictan lo que el ciudadano termina pagando en la góndola del supermercado.

LA CULTURA DEL CONSUMO Y EL FENÓMENO DE LA COSTILLA

Para entender el impacto social, Galli subrayó que en Paraguay la carne bovina no es un lujo, sino un elemento cotidiano, posicionando al país junto a Argentina y Uruguay como los mayores consumidores per cápita del mundo. Un punto central de su explicación fue la dinámica de la costilla y el puchero. Contrario a la creencia popular de que «la exportación encarece la carne», el especialista aclaró que, debido a las restricciones sanitarias internacionales, Paraguay solo exporta carne deshuesada.

Esto genera un excedente masivo de cortes con hueso que no pueden salir del país, lo que históricamente ha permitido que cortes como la costilla sean accesibles. Sin embargo, Galli advirtió que cuando el mercado externo (como Estados Unidos) demanda carne magra para hamburguesas, la industria se ve tentada a deshuesar incluso la costilla, reduciendo la oferta local y elevando el precio de este corte tan sensible para la economía familiar paraguaya.

LA DISTORSIÓN EN LA CADENA: PRODUCTORES VS. INDUSTRIA

El punto más crítico de la entrevista fue la denuncia sobre la falta de equilibrio en la libre competencia. Galli explicó que el mercado paraguayo sufre de una asimetría peligrosa: existen más de 130.000 productores (una oferta muy fragmentada), pero la compra del ganado está concentrada en un puñado de empresas frigoríficas.

Según Galli, esta «posición dominante» permite a la industria manipular los márgenes: mientras el precio pagado al productor se mantiene bajo o incluso cae —provocando que el hato ganadero nacional se reduzca de 14 a 13 millones de cabezas por falta de rentabilidad—, el precio al consumidor final no deja de subir.

INVESTIGACIÓN POR CARTELIZACIÓN Y ABUSO DE PODER

Esta situación ha llevado a que la Comisión Nacional de la Competencia (CONACOM) mantenga investigaciones abiertas sobre posibles acuerdos colusores y prácticas restrictivas. Galli recordó que durante su gestión en la ARP se lograron frenar fusiones empresariales que pretendían aumentar aún más esta concentración de mercado, casos que hoy siguen en tribunales.

Señaló asimismo que Paraguay no es una isla y que el aumento del consumo en China, sumado a la caída del rebaño en Estados Unidos, genera una puja internacional donde el consumidor paraguayo debe competir con mercados de mayor poder adquisitivo.

Ante este escenario de precios globales elevados, el Dr. Galli sugirió que el Estado debería impulsar con mayor fuerza la producción de proteínas alternativas más baratas, como el pollo y el cerdo, para proteger la seguridad alimentaria de la población sin que esto signifique una pérdida en la calidad de la dieta.

En conclusión, la entrevista dejó claro que el problema no radica en la apertura de nuevos mercados externos, sino en la necesidad de una vigilancia estatal más estricta sobre la industria frigorífica para evitar abusos que terminan castigando tanto al productor que cría el animal durante dos años como al ciudadano que lo consume diariamente.

 

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