Mientras el Parlamento Europeo espera definiciones jurídicas para la ratificación, Paraguay apuesta por la agilidad legislativa y el consenso interno. El objetivo del MIC es que el Congreso Nacional apruebe el documento con celeridad, permitiendo que los sectores industrial, turístico y productivo comiencen a operar bajo el nuevo marco arancelario lo antes posible.
El secretario de Estado de Industria y Comercio afirmó días pasados que el Gobierno quiere ser lo más ágil posible y comenzar a utilizar los beneficios de este acuerdo con el principal bloque comercial del mundo.
El ministro fue enfático en que el acceso a un mercado de 450 millones de consumidores exige elevar la vara de la competitividad local. La estrategia no solo contempla la apertura de mercados, sino una inversión agresiva en infraestructura, logística y puertos, apoyada por el financiamiento de organismos como el Banco Mundial y el BID.
Con el reciente grado de inversión (el segundo) como respaldo, Paraguay busca proyectarse no solo como un exportador de materias primas, sino como un destino de inversiones de largo plazo que transforme la apertura comercial en empleos genuinos y desarrollo sostenible.
FIABILIDAD DEL BLOQUE EUROPEO
Cabe recordar que, en vísperas de la firma oficial del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, el presidente de la Federación de Cooperativas de Producción (FECOPROD), Alfred Fast, lanzó duras críticas contra la falta de garantías y la opacidad de un tratado que, según sus palabras, nace viciado por la desconfianza. Para el referente productivo, se trata de un pacto que, en realidad, no ofrece seguridad jurídica y que impone reglas de juego unilaterales que atentan contra la soberanía productiva.
En entrevista con RCC Radio, Fast recordó que el sector debió mantener una resistencia férrea durante 25 años para limitar los daños, especialmente frente a intentos de imponer medidas, tales como el Reglamento 1115. Si bien celebran que dicha norma no sea obligatoria de entrada, el presidente de FECOPROD advirtió que el tratado actual podría una trampa de imprevisibilidad.
La crítica más feroz se centró en las cláusulas de salvaguarda impuestas unilateralmente por Europa. Según Fast, un tratado de libre comercio debería fomentar el flujo de bienes, pero este acuerdo hace lo contrario: establece que, si el volumen o el precio de un producto varía apenas un 5% respecto al promedio de los últimos tres años, la UE puede restablecer aranceles de inmediato.
«Esa parte es en la que no estamos de acuerdo. Es algo que entre socios no debería hacerse», fustigó Fast, calificando la medida como un «jaque» constante que genera una inseguridad jurídica total para el productor paraguayo.
Para la FECOPROD, la Unión Europea es un mercado marginal para el sector agropecuario nacional. Ante la falta de garantías, Fast llamó a no «cantar victoria» y a diversificar los destinos de exportación. «Si se puede hacer negocio, lo haremos, pero si no, veremos otros mercados. Ante la inseguridad y la imprevisibilidad que nos imponen, no podemos depender de quienes actúan de forma unilateral», aseveró.













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