¿Economía de guerra o crisis de gestión? El contraste entre el discurso oficial y la recaudación récord

En las últimas semanas, el debate económico en Paraguay se ha visto sacudido por una narrativa alarmista. El anterior ministerio de Economía y Finanzas, Carlos Fernández Valdovinos, llegó a instalar el concepto de una "economía de guerra", justificando esta postura en una supuesta debilidad de las arcas fiscales y una caída en los ingresos.

Sin embargo, los datos oficiales publicados recientemente por la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) no solo contradicen este diagnóstico, sino que exponen una realidad diametralmente opuesta.

Según el informe de cierre de marzo de 2026, la DNIT registró una recaudación en efectivo de G. 3.444.339 millones (unos USD 529,6 millones). Lejos de una retracción, esto representa un crecimiento interanual del 10,4% en comparación con marzo de 2025. En términos absolutos, el Estado paraguayo ingresó 50 millones de dólares más que en el mismo mes del año anterior.

Si analizamos el primer trimestre (enero-marzo), el acumulado asciende a G. 9,3 billones, un incremento del 2,9% respecto al periodo anterior. ¿Cómo se explica entonces la retórica de la escasez extrema?

¿FALTA DE DINERO O EXCESO DE DESPILFARRO?

El desglose de los datos muestra que los Impuestos Internos crecieron un robusto 12%, impulsados por sectores dinámicos como el comercio, la construcción y la agricultura. Incluso en el ámbito aduanero, a pesar de una apreciación del guaraní del 18,6%, la recaudación subió un 8,3% gracias a mayores importaciones de combustibles y bienes de capital.

Ante este escenario de ingresos al alza, surge una pregunta inevitable y necesaria: Si la recaudación crece a dos dígitos. Entonces, ¿por qué el Gobierno habla de «economía de guerra»?

La respuesta parece hallarse no en los ingresos, sino en la calidad del gasto. La contradicción entre los datos de la DNIT y el discurso de austeridad forzada sugiere que el problema real no es la falta de tributos, sino una estructura estatal que continúa priorizando el despilfarro y los gastos superfluos.

Cuando el dinero entra en niveles récord, pero «no alcanza», el foco de la crítica debe girar hacia las contrataciones innecesarias, las licitaciones dudosas y el crecimiento desmedido del aparato burocrático.

CONCLUSIÓN

Hablar de «economía de guerra» cuando la administración tributaria está logrando resultados históricos resulta, cuanto menos, una desprolijidad comunicacional o, en el peor de los casos, una cortina de humo. El Paraguay no parece estar sufriendo una crisis de ingresos, sino una crisis de prioridades.

Mientras el contribuyente cumple y los números de la DNIT son positivos, el Estado sigue en deuda con una administración eficiente que transforme esos guaraníes en servicios, y no en gastos que desangran el tesoro nacional.

Cabe recordar que, tras su renuncia la semana pasada, Fernández Valdovinos dejó atrás una deuda que superaría los USD 300 millones con las vialeras, constructoras y farmacéuticas, que sigue sin pagarse, colocando en riesgo de quiebra a las empresas privadas y la pérdida de unos 100.000 empleos directos, según datos del sector.

 

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