Cuando Roque Santa Cruz terminó su vínculo con Libertad, muchos pensaron: «ya fue».
Pero no: el goleador tenía otros planes.
Se sumó a Nacional.
Y muchos dijeron: «para qué».
Ayer lo demostró: inteligencia y buen estado físico.
En su propia área, despejó una pelota y se la dio a un compañero, corrió todo el andarivel derecho y le puso el balón en la cabeza a un compañero. Rechazo del arquero y gol de Nacional.
De paso, dejó sin invicto a Cerro Porteño y marcó la primera derrota de Jorge Bava desde que asumió como director técnico del Ciclón.
Cuarenta y cuatro años.
Viejos son los trapos.









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