La historia de Andrés Escobar, una herida que el fútbol no olvida

Tras un desafortunado autogol en el Mundial de Estados Unidos 1994, el defensor colombiano fue víctima de una violencia irracional que marcó para siempre la historia del deporte.

La historia de Andrés Escobar, una herida que el fútbol no olvida

Colombia llegó al Mundial de 1994 rodeada de expectativas. Con figuras como Carlos Valderrama, Freddy Rincón y Faustino Asprilla, el equipo era considerado uno de los candidatos a dar la sorpresa, especialmente después de la histórica victoria por 5-0 sobre Argentina en Buenos Aires, conseguida menos de un año antes.

El 22 de junio, en el Rose Bowl de Los Ángeles, ante más de 90.000 espectadores, la selección colombiana se enfrentó a Estados Unidos en un partido que terminaría marcando para siempre la vida de Andrés Escobar. Con el marcador aún sin goles, el defensor intentó interceptar un centro rival, pero el balón terminó desviándose hacia su propia portería, dejando sin opciones al arquero Óscar Córdoba. Aquel autogol fue determinante en la derrota colombiana y contribuyó a la eliminación del equipo del torneo.

Días después, el 2 de julio, mientras se disputaban los octavos de final y Colombia ya estaba fuera de competencia, Escobar salió de un restaurante en Medellín tras haber soportado comentarios ofensivos y burlas. En el estacionamiento se produjo una discusión con David y Santiago Gallón Henao, vinculados al narcotráfico. Poco después, Humberto Muñoz Castro, conductor de los hermanos, intervino y le disparó en repetidas ocasiones, acabando con su vida a los 27 años.

Apenas unos días antes de su muerte, Escobar había escrito una columna para el diario El Tiempo. En ella se mostraba optimista y concluía con una frase que hoy resulta especialmente conmovedora: “Hasta pronto, porque la vida no termina aquí”. Sus palabras quedaron como un legado de esperanza en medio de una de las tragedias más dolorosas de la historia del fútbol colombiano.

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