Francia hizo valer su condición de local y se consagró campeona del mundo por primera vez en su historia al derrotar con autoridad por 3-0 a Brasil en la final de 1998. La gran figura de aquella noche fue Zinedine Zidane, quien marcó dos goles y condujo a los franceses hacia un título inolvidable.

Sin embargo, aquella final quedó marcada por algo más que la brillante actuación de Francia. Horas antes del encuentro, Ronaldo Nazário, considerado en ese momento el mejor futbolista del planeta, sufrió una convulsión que encendió las alarmas en la concentración brasileña.
El delantero fue trasladado a un hospital para someterse a estudios neurológicos y, durante varias horas, se creyó que no estaría en condiciones de jugar. Pese a la preocupación general, los exámenes no detectaron problemas graves y finalmente fue incluido en el once titular de Brasil, aunque lejos de su mejor nivel.
Con el paso de los años surgieron numerosas teorías alrededor de aquel episodio. Algunas versiones hablaron de presiones comerciales para que la estrella brasileña estuviera en el campo, otras apuntaron a supuestos acuerdos secretos, escándalos extradeportivos o incluso tratamientos médicos cuestionados. Ninguna de estas hipótesis fue comprobada.
Más de dos décadas después, el propio Ronaldo se refirió a lo ocurrido y relacionó aquel episodio con el enorme desgaste emocional que vivía en ese momento. “Lo único que puedo asociar con la convulsión que tuve el día de la final es el estrés, un estrés muy alto, la presión y la falta de preparación para afrontar algo así”, explicó el exdelantero.
Aquel partido terminó convirtiéndose en una de las finales más recordadas de la historia de los Mundiales, tanto por la consagración de Francia como por el misterio que aún rodea lo sucedido con Ronaldo.